UNA ÉPOCA QUE MARCÓ MI VIDA

 SONIA HERRERO

mariajesusblazquez.com-DSCN3858

Recuerdos de una época que marcó sin duda mi vida

Una vez hace mucho tiempo, y sin yo saberlo, alguien me hizo un regalo. Creo que uno de los regalos más importantes que he recibido y recibiré nunca pues se trata de algo que he podido dar a mi hija y que es para toda la vida.

Esa persona tan generosa apareció en mi vida cuando cursaba 3º de B.U.P en el instituto, y aunque tan solo coincidimos ese año, y nunca he vuelto a verla, me he acordado de ella en tantas ocasiones durante estos años, que sentí una enorme alegría aquel 31 de diciembre a las once y media de la mañana, cuando por alguna razón (que no casualidad, según ella) descubrí que la persona que me estaba ayudando por teléfono (de la Asociación Vía Láctea) , y que era capaz de emocionarse con el reencuentro era «ella».

«Su», fue mi profesora de biología en ese curso de 1994-1995, y formaba parte del magnífico equipo de profesores con el que contábamos, por suerte, los alumnos de aquella época. Siempre agradeceré a todos ellos el tiempo que nos dedicaron, lo hacían con criterio y con la exigencia suficiente para que el nivel de enseñanza del instituto y el posterior éxito de sus alumnos estuviera garantizado. Sin embargo, las clases que más recuerdo, las que de verdad me han aportado practicidad aplicable en el día a día han sido las clases de Su, tan especiales como ella. Era una mujer espontánea y bastante natural, al menos así se mostraba, que además de enseñarnos las peculiaridades del Ácido Desoxirribonucleico, y otras cuestiones del temario oficial de aquella materia, tuvo la generosidad de hablarnos de aquello que le apasionaba. Compartió con nosotros conocimientos interesantísimos sobre «Geobiología» (desde entonces tomo precauciones en mi vida cotidiana que la gente normalmente no entiende, acerca de orientación, de evitar o minimizar puntos eléctricos cerca de las estancias habituales, incluso si surge, tengo la manía de observar dónde se colocan los gatos), también su pasión por la homeopatía, y lo que para mí es lo más fascinante, y que considero como ese regalo tan sumo al que aludía al inicio de este relato, su continua e intensiva campaña de fomento de la lactancia materna. Es increíble que tras quince años, tuviera tan vivos sus consejos sobre lactancia materna, y es increíble como la matrona que llevaba mi embarazo el pasado verano se sorprendía de mi suerte por haber topado con una profesora como «Su», capaz de hacer que una niña de dieciséis años tuviera tan claro el beneficio de este tipo de alimentación y su deseo de amamantar a sus futuros hijos que había podido retener en la memoria durante tantísimos años todos esos consejos y ahora llegado el momento había podido conseguirlo sin problemas.

Y sí, es cierto, realmente es una suerte contar en algún momento de tu vida con alguien tan admirable. Creo que las personas admirables nunca saben que lo son, no suelen ser conscientes del bien que hacen a otras personas, ya sea de un modo permanente o en momentos puntuales, y de lo importantes que son para ellas porque les sirven de referente. Pongo el ejemplo de mis padres, unas personas que nos han dado la vida a mis hermanos y a mí, que han trabajado muy duro para sacarnos adelante y para que no nos faltase nunca nada, y sobre todo que nos han enseñado unos valores para aplicar en nuestro paso por la vida y ser, ante todo, buenas personas. Seguramente ellos no saben todo lo importantes que son, lo admirables que son. Ojalá mi hija Paula pueda pensar lo mismo de nosotros un día, significará nuestro triunfo como padres y como personas.

Pienso que si alguien te admira es que eres alguien importante, al menos para esa persona, que ya es mucho. Has aportado algo a alguien que lo reconoce y por eso eres admirable. Y lo importante es rodearse de esas personas a lo largo de la vida, en cada etapa y en cada ámbito para crecer tú también como persona.

Esas personas admirables sin saberlo te guían en muchos aspectos y lo grande es que al ignorarlo esa ayuda es totalmente altruista y mucho más valiosa. Cada vez que nombro o pienso en las palabras altruismo, generosidad, me viene a la cabeza la labor de algunas personas, gracias a

Dios cada vez más, que dedican su tiempo en multitud de asociaciones a ayudar a los más desfavorecidos sean personas o animales, que apoyan, ayudan, defienden y luchan porque no se vulneren derechos fundamentales. A esas personas tan admirables quería dedicarles este trocito de párrafo.

En la época del instituto también me rodeé de gente admirable. Me viene a la memoria la sensación de angustia de los exámenes de los últimos cursos, de la media de sus calificaciones, de la presión de no saber si vas a poder acceder o no a la carrera universitaria elegida, incluso angustia porque ni siquiera sabes si esa elección es realmente tu camino. Creo que lo peor que recuerdo de la época del instituto es precisamente eso, tener que decidir tu camino tan temprano. No tienes ni idea de muchas cosas y sin embargo tienes que tomar una de las decisiones más importantes de tu vida, aunque luego esa dura decisión no sirva para nada. Quizás ahora sea distinto, pero en mi época había que ser o de ciencias o de letras, qué injusto es que no pueda atraerte por igual el derecho y la medicina, o el periodismo y la fisioterapia. Había que elegir y punto, así de tajante.

La situación era merecedora de esa angustia, porque tomar el camino equivocado era una posibilidad indeseable pero latente, muy estresante para un niño de dieciséis años, pero que relativamente se asumía con la naturalidad e inmadurez de esa edad. Estoy convencida de que me parece más grave ahora que entonces.

Será por eso de la edad que siempre tenías apoyo. En casa el apoyo familiar, ellos también sufrían esa angustia contigo pero conseguían paliarla e intentaban hacer todo mucho más fácil, y en el instituto algunos profesores, los más implicados, también ayudaban, con sus experiencias, contándote casos conocidos, no sé si inventados o adaptados a la situación, pero conseguían tranquilizar el ambiente, entre ellos «Su», por eso le tengo tanto que agradecer, porque fue una profesora magnífica, porque me enseñó muchísimo, porque ha marcado muchos aspectos de mi vida en ese tiempo tan breve que coincidimos y porque pasados desde entonces tantos años, en la etapa más importante de mi vida como es la maternidad, en un grito de auxilio, en medio de la soledad que se siente cuando buena parte del entorno no comparte tu forma de actuar, desacredita la importancia que tu le das e intenta que aquello en lo que crees firmemente se tambalee, volvió a aparecer para ayudarme, para apoyarme, para reafirmarme, para animarme a luchar hasta el final por lo que creo, a no renunciar a lo importante por lo que otros digan y sobre todo para volver a creer que la gente buena existe, que la generosidad existe y se mantiene en las personas.

Una vez hace mucho tiempo y sin yo saberlo, «Su» me hizo un regalo, uno muy importante, tanto que hoy lo disfruta mi hija Paula, un regalo para toda la vida, y hoy quiero agradecérselo de corazón, quiero que sepa lo importante que ha sido para nosotras, hay personas admirables y Su es una de ellas.

 

Anuncios