¡SÍ, ENCONTRÉ EL PLACER!

MAITE ORIHUELA

mariajesusblazquez.com-bailedefuegoCuando tenía 15 o 16 años tuve la suerte de ser alumna de María Jesús Blázquez, «Su» una «loca» que nos hablaba de parir con placer, de amamantar y de mezclarse con los olores y sabores del  bebé. Quedé fascinada, la idea que tenía hasta entonces era que parir era un mal  trance, algo por lo que ninguna mujer querría pasar aunque para tener hijos no quedara más remedio.

Muchos años después asistí a la preparación al parto con la matrona de la seguridad social. La preparación o mejor llamada mentalización, consistía en recibir información de todos los procesos a los que nos iban a someter en cuanto entrásemos por la puerta del hospital: rasurado, enema, tumbado panza arriba, goteo de oxitocina, rotura de bolsa y casi inevitablemente epidural y para acabar episiotomía. Está muy bien que sepas todo esto ya que una vez de parto nadie en el hospital  te dice lo que te hace, ni porqué ni para qué… lo que no te dicen en la “preparación” es que además puede ser que te traten mal, que no te podrás quejar y que se burlarán de ti a la mínima que abras la boca más de la cuenta.

En la preparación también te hablan del dolor del parto, pero no para decirte que puedes entregarte a él, sino para enseñarte absurdas respiraciones numeradas con las que sobrevivir hasta la epidural. Nadie nos habló del dolor perpetuo del corazón, cuando sientes que te han robado el precioso momento en que te encuentras con la mirada de tu bebé, cuando sientes que tu poder se disuelve entre imprescindibles maniobras obstétricas, cuando sientes frustradas tu necesidad de moverte, de entrar hacia adentro, de gritar… Maria Jesús, ¿qué decías de parir con placer?

Cómo no caer en un abismo después de ser madre. Se abrió la Caja de Pandora y me encontré de frente con mi soledad y mis fantasmas… El parto, el nacimiento de Zoe  fue el momento más importante y más precioso de mi vida a pesar del hospital. El dolor y la frustración la tuve que superar abrazada cada noche a mi hija y a fuerza de amamantar y de amar gota a gota logramos entre las dos sanar la heridas.

Después, con mí recién nacida en brazos, vino la lucha, la lucha conmigo misma. Mis comienzos como madre fueron duros y confusos. Tuve que aprender otros ritmos, otras energías, disminuir las exigencias que hasta entonces me había impuesto. Deseaba con todas mis fuerzas criar a mi hija, y por otro lado no quería salir del mundo que seguía girando ya sin mí. Quería hacer cosas y me sentía como conduciendo un coche con el freno de mano puesto… renuncié a muchas cosas y me sentí juzgada por ello.

Sintiéndome poco comprendida y con pocas referencias  al principio me entregué a lo salvaje, abracé, acuné, amamanté, llevé a mi hija como un monito en un pañuelo y pasé de los consejos estreñidos de algunos familiares, amigos y vecinos. Por suerte mi compañero y padre de la criatura me apoyó en todo y así y todo tocamos fondo para volver a salir a delante.

Estoy criando a Zoe con todo el respeto del que soy capaz, con el corazón  y he aprendido muchísimo de esta experiencia y de ella, que es mi mejor maestra. Me ha enseñado la paciencia, a escuchar y a escucharme y darme permiso para parar el tiempo para las dos, a ver que la vida está llena de oportunidades, y de que cada momento es único e importante, me ha enseñado el amor incondicional.

Llegó el segundo embarazo y parto. En una noche de magia, con las velas, con las brujas (matronas y doula) que me acompañaron desde el respeto más absoluto en la intimidad de mi casa, con la música de Rosa Zaragoza, con mi compañero de vida a mi lado, con mi pequeña Zoe… Me encontré con el dolor bendito de las contracciones que me llevaron al encuentro conmigo misma, con mi parte más auténtica y salvaje, doy gracias por ese dolor. Me viví con intensidad, bailé, grité con todo mi cuerpo, me abrí en el más amplio sentido, con el cuerpo, con el alma e incluso sentí, en medio de las endorfinas y la oxitocina la lucidez más absoluta, vi, supe y entendí lo que era la vida, me encontré con mi espiritualidad olvidada unida al momento salvaje y único que estaba viviendo… y en medio de todo esto recibí a mi hijo Eloy, lo abracé al nacer y le grité mi amor, mientras brotaba de mi la sangre, el placer, las lágrimas y el calostro.

Este segundo parto me ha reconciliado con el primero y todo el proceso de la propia maternidad me ha ayudado a conocerme mejor, a disfrutar más y a ser más feliz.

Hace más de cuatro años que estoy dando la teta, produciendo leche para mis dos hijos, ellos se entienden muy bien y están muy unidos, creo que la lactancia, el contacto y la tranquilidad que esta facilita ha ayudado mucho a que esto sea así.

Estoy viviendo con intensidad esta etapa de mi vida, sabiendo que pasará y vendrá otra etapa en la que haré otras cosas. La maternidad ha sido una gran oportunidad para mi, para aprender y replantearme que es lo importante, y creo que lo importante, lo que mueve el mundo, lo que todos anhelamos, es el amor.

Vía Láctea ha formado parte de todo este proceso, aquí he encontrado a mis hermanas, mis madres, las mujeres de mi tribu, las sabias que me han arropado y me han orientado para no perderme en esta travesía.

Y por último, sí, María Jesús, he encontrado el placer en parir, en amamantar y en criar a mis hijos desde la feminidad más animal que hay dentro de mí. Gracias de todo corazón.

Verano de 2007 para el libro Maternidad y Paternidad. Mujeres y hombres escriben sus experiencias. Directora, María Jesús Blázquez.

Ed. Prensas Universitarias Zaragoza

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