SALTARSE EL GUIÓN

ESTEFANÍA FLOX CARBALLO

 mariajesusblazquez.com-Estefanía Flox

¿Qué  lleva a una profesora a someterse a risas, saltarse el guión de un temario y a dar lugar a que piensen que estás «loca»?

Corría el año 2002- 2003 cuando recibí clases de «Su» por primera vez, adolescentes de 15 años éramos, podéis imaginaros las risas cuando en clase nos ponía vídeos de partos en casa o de cómo colocar al bebé en el pecho para que vaya bien la lactancia. Lo que ni yo podía imaginarme es que esas clases me iban a resultar tan útiles y después de otros casi 15 años me iba a acordar tanto de ellas como de «Su».

¿Qué  lleva a un profesor a someterse a risas, saltarse el guión de un temario y a dar lugar a que piensen que estás «loca»?

En mi caso dejar una huella imborrable.

Hasta que me convertí en madre pude ayudar a otras mujeres a colocarse el bebé al pecho y cuando tuve a mi bebé supe con seguridad que me iba ir bien, tenía la teoría muy clara.

Recuerdo aquellas clases con mucho cariño en una época de mi vida en la que tantos cambios personales te desequilibran.

Actualmente soy enfermera, madre de una niña de 14 meses y buscando un segundo embarazo. No entiendo mi maternidad sin lactancia, es un momento mágico. Comprendí también que falta mucho para que en nuestros hospitales se lleven a cabo partos que se parezcan a lo que es un parto natural en la naturaleza, aunque por suerte nuestras matronas son conscientes de ello y hacen lo posible por cambiarlo. Comprendí que la ciencia no está reñida con la religión.

Comprendí que ser diferente te hace especial.

Pero además de los vídeos de partos, de la lactancia, de los ratos de relajación y por supuesto de las clases de biología, tengo que hacer mención a un momento que fue importante para mí;  Entrábamos a clase después de un recreo en el que yo había sido humillada por un chico. Aún con lágrimas en los ojos Su me miró y como si comprendiera lo que me pasaba me dijo; « ves al baño y lávate la cara y  las manos con agua fría». Fue un momento de alivio para mí, no sé describirlo mejor pero sólo sé que me encontré muy bien.

En esos momentos no le agradeces a un profesor aquellas clases que tanto te gustaban o ese momento en el que tanto te ayudó,  en ese caso serían a nosotros a los que se le reirían. La adolescencia es difícil y los profesores lo saben. También digo con pena que de aquellos  seis años en el instituto, con tantas horas de estudio no recuerdo ni una mínima parte. ¿Cómo puede ser?

Pues porque por parte del sistema de educación los profesores están sometidos a una presión para cumplir un temario que no deja lugar a la improvisación y la imaginación. Animo a todos los profesores a saltarse el temario alguna vez.

Pienso que todo lo que nos pasa es por algo. Estamos hechos de pedacitos de las cosas que nos han pasado y las personas que hemos conocido. Pasé por una anorexia y hasta eso pienso que lo pasé por algo.

Seguramente todos los que estamos leyendo esto tengamos más de lo que necesitamos, mientras otros no tienen ni lo necesario. Hace falta mucho para cambiar el mundo pero todos podemos aportar un granito de arena. Hace falta menos rencor, más respeto, más empatía, más humildad y sobretodo mucho mucho amor.

Estoy escribiendo esto un 31 de diciembre, último día del año en el que todos nos paramos a pensar, echamos la vista atrás y nos planteamos un futuro. Por mi trabajo estoy en contacto con enfermedad y la muerte. Me imagino el final de la vida como un 31 de diciembre, echando la vista atrás de toda nuestra vida, pensando los momentos que realmente nos han hecho felices, de lo que habla el cuento «el buscador» de Jorge Bucay, pensando si hemos hecho algo por los demás y si  hemos cumplido nuestros sueños.  Sólo si eso se cumple puedo imaginarme una partida de este mundo tranquila.

Así que, empecemos ya mismo a cumplir nuestros sueños.

Gracias a «Su» por esta oportunidad de poder expresar lo que siento y poner palabras a pensamientos que nunca habían salido de mí.  Con personas así sí que es posible cambiar el mundo.

Esta es mi historia.

Bonita ¿casualidad?  La de volvernos a encontrar.

 

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