RECUERDO EL LIBRO:CALOR de HOGAR

MARÍA TERESA SANCHO 

mariajesusblazquez.com-Maite SanchoCorría el año 1994 cuando comencé primero de BUP (Bachillerato) en el Instituto Félix de Azara. Mi profesora de Ciencias Naturales, una alegre y entusiasta «Su», comenzaba presentándose y se iniciaban así sus inolvidables clases.

Siempre he tenido una especial relación con la Naturaleza. Me encantan los animales, las plantas, sentir el aire, el agua, y disfrutar del campo, de la playa, montaña o todo que huela poco a carburantes y cemento.

Pronto llegó el otoño de ese año, y en seguida me apasioné por el tema de la reproducción de los hongos y las setas. ¿Cómo pueden reproducirse a través de las esporas? Es increíble que una cosa tan pequeña tenga un método tan genial de reproducción. Intrigada por tal misterio de la naturaleza, me decidí por el experimento que la Profe Su me sugirió: recolectar en un trozo de cartón una serie de setas, hongos o rebollones para comprobar tan sólo unos días después cómo las mismas dejan caer sus esporas sobre la cartulina. Me quedé maravillada, tanto que todavía conservo intacta y con gran cariño la cartulina con esos seres que sirven de morada a los gnomos. A partir de ese día comprendí la importancia de recogerlos usando una cesta o caja con múltiples agujeros que deje seguir la vida su curso.

Otra de las cosas que recuerdo nítidamente es el libro «Calor de Hogar». Fue la lectura recomendada para las Navidades del 94. A pesar de ser un libro de numerosas páginas, y no obstante mí ya olvidada manía de odiar las lecturas «obligadas», me apasionó desde la primera página. Recuerdo cómo las historias de diferentes animales me cautivaron hasta el punto de, al pasar los años, seguir recordando algunas historias y comentarlas públicamente en diferentes situaciones de mi vida cotidiana, como una especie de moraleja o lección que nos dan el Reino Animal sin apenas percibirlo por nosotros, los muchas veces ignorantes seres humanos.

Una de las cosas que me causaron gran impacto fue el descubrimiento de los aditivos. Hasta ese año nunca había oído nombrarlos, no sabía ni que existieran; era algo que nunca me había planteado, una especia de fe ciega en la comida que se vende diariamente. Además, nunca me ha percatado de la información que las etiquetas de los productos podían proporcionarte y a su vez ayudarte a comer de forma más saludable. Recuerdo la actividad de clase de realizar una lista con unos 10 productos que contuvieran los menos aditivos posibles y su correspondiente significado. A partir de ese momento, soy mucho más cuidadosa con todo lo que ingiero y por supuesto intento aportar los mínimos aditivos posibles a mi dieta diaria. Fue una actividad muy práctica y útil.

Algo que recuerdo con gran pavor de ese año académico es la forma de valorar las malas actitudes en clase. Me considero una persona demasiado sociable, y a eso hay que añadir demasiado habladora. Recuerdo cómo la Profesora utilizaba su cuaderno para anotar a modo de flecha hacia abajo cuando tu actitud dejaba algo o mucho que desear. Al tratarse de una persona tan perfeccionista como es mi caso, el hecho de contar con una mínima flecha, llamémosle negativa, en mi expediente me provocaba cierta frustración, cuando quizás hubiera sido mejor repetirme hasta la saciedad que estaba hablando o molestando a los demás compañeros con mis comentarios en voz alta.

En la actualidad tengo 33 años y trabajo como Agente Judicial. En 2003 terminé la carrera de Derecho y dediqué muchos años a buscar un trabajo que me satisficiera y tuviera relación con el mundo jurídico, así como estuviera en contacto con el mundo exterior y pudiera desarrollar mis mínimos conocimientos en habilidades sociales. Trabajé como Abogada varios años, incluso fuera de España. Pero la situación se iba complicando a medida que llegaba la temida crisis financiera. Durante algunos meses impartí clases en un Instituto e intenté que la aburrida y desconcertante asignatura de Formación y Orientación Laboral fuera lo más práctica y útil posible a unos estudiantes que quizás algún día le encuentren el sentido al paradigma legal que rige este país. En febrero de 2012 me examiné y aprobé la oposición para el Ministerio de Justicia. Poco tiene que ver con el mundo natural, pero supongo que el amar la naturaleza te enseña a ser mejor con todos aquellos que te rodean, y ver que puedes hacer pequeños gestos para contribuir al desarrollo del medio natural,  ya sea humano, animal o vegetal. Al menos esa es mi intención. Sigo siendo una apasionada de los animales, de las plantas, me gusta el campo, salir al parque, contemplar los nidos de cigüeña, observar el comportamiento animal. Estar en contacto con la naturaleza me da paz, serenidad y creo que me convierte en mejor persona. Saber apreciar los pequeños dones de la Madre Tierra te hace sentirte sacia con la vida y dejar a un lado las banalidades y el consumismo que impera en el día a día.

Puede resultar algo molesto e incluso cínico… ¿pero por qué nos importa tan poco el respeto hacia los demás?

Creo que el amor por el prójimo comienza por el respeto al mínimo ser que tenemos al lado. Quizás es el desconocimiento o miedo el que hace que aplastemos sin compasión alguna a la hormiga que lleva con tesón y gran esfuerzo hacia su colonia esa cáscara de pipa abandonada en medio de la calle. ¿No deberíamos más bien alabar la grandeza de su acto y tomar ejemplo de ella? Por supuesto, estoy en contra del maltrato animal, pero ¿no es maltrato también romper la rama de un árbol sin más para sentirte el chico más fuerte y malvado del grupo con el que va? Si no respetamos las cosas más simples que nos rodean no podremos nunca entender al ser más complejo que existe en el Planeta Tierra: el ser humano. Y la conclusión que saco es que estamos destinados a no entendernos nunca si seguimos por el camino equivocado. Nos hallamos en esa continua Torre de Babel, encerrados por siempre movidos por intereses materiales, por el egoísmo y las prisas, sin sentir la más mínima compasión hacia el que sufre problemas, porque claro, cada uno tenemos los nuestros. El día que consigamos mejorar el nivel de vida de las plantas, animales, la capa de ozono, la vida en general, ese día que nos concienciemos de que tal mejora está en nuestra mano, ese día comenzará la primera lección para aprender a proteger, ayudar, respetar, comprender y amar a nuestro igual. Quizás ese día las guerras y violencia que sufre nuestro mundo y que acaparan las noticias empiece la cuenta atrás hacia su extinción y quede atrapada en el País de Nunca Jamás.

Mayte Sancho PalomoMaite Sancho.JPG

Zaragoza, año, 2013

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