MIS RECUERDOS LOS GUARDO EN «TUPPERWARES»

mariajesusblazquez.com-Noel NOEL BARRANCO GRACIA

Mis recuerdos los guardo en tupperwares por cada esquina de mi memoria, los de la época de instituto son tantos que forman torres y han cogido polvo, pero los guardo con especial cariño en ese tarro de las esencias con funciones especializadas, una de las más importantes es la de servir de cuarto trastero:

Mi primer día de instituto vino marcado por la noche anterior donde una horrible tormenta sacudió  mi cama, parecía moverse como un barco, ¡que nervios! sentía una inseguridad terrible, ¿Cómo serán mis nuevos compañeros?¿y los profesores?¿estaré al nivel? según me iba acercando deseaba mas fuerte retrasar ese momento, sentía como el pasado me intentaba pisar los talones para sacarme la zapatilla y hacerme mirar atrás…pero una vez en la puerta mire a mis pies y entendí que eran dos flechas de un camino no recorrido, el cual me generaba dudas pero sabía que podía ser apasionante. Este pensamiento positivo existía porque mi casa se encontraba a escasos metros de la puerta del instituto y siempre había visto salir a los alumnos estirándose los unos a los otros las sonrisas, en esos momentos pensaba en cuando llegaría mi momento y en la construcción de un tobogán desde mi cuarto hasta mi futura aula.

Una vez dentro recorrí los pasillos como si fueran trincheras emocionales en pleno bombardeo de estímulos, caminé rápido, intentando hacerme invisible y llegue hasta mi j-aula, me senté junto a un par de compañeros del colegio Monsalud, eso me daba confianza. Entró el tutor y comenzó a dar la charla, fuera comenzaba a llover, mi mirada era tan perdida y penetrante que traspasaba la ventana y se mojaba en la calle con la lluvia. Fue un primer día fugaz pero que calificaría de eterno, un rato un tanto agónico…era el inicio de una de las mejores épocas de mi vida.

 Varias sensaciones fueron las catapultas del desarrollo de mi aprendizaje, según la actitud del profesor nacía una metodología en mi u otra. No hacía falta ni haber entrado en clase para saber lo que te esperaba, se podían escuchar comentarios que sugerían mas la presentación de un combate de lucha libre mexicana que la descripción de un profesor, algo así como la presentación de un súper villano, malvado y despiadado. Luego los conocías y no eran para tanto, aunque existía ese miedo que te empujaba a estar más atento en clase o llevar los deberes al día, por otro lado el disfrute del aprendizaje se quedaba en los cajones del pupitre. Otros profesores sin embargo resultaban ser todo lo contrario, eran como personajes sacados de un cuento que confiaban en una enseñanza divertida, sin presiones y llegando a transformar las obligaciones en un interés por saber más sobre algo. Este perfil de profesor para mi es el favorito, el problema es que al igual que se hablaba de profesores malvados, existían alumnos monstruosos que podían irrumpir, machacar  y perjudicar las clases. Supongo que el perfil ideal es el del profesor que consigue el sistema de la clase sin miedos ni presiones pero con el respeto y admiración de por medio.

Especial recuerdo tengo de algunos de los profesores de Biología y Ciencias de la tierra por su forma de ser y formas de entender la enseñanza. Nunca he sido un apasionado de la lectura, de hecho los libros que solían mandar leer en el instituto no terminaban de gustar a casi nadie. A mí me llego mucho un libro propuesto por la profesora «Su», trataba sobre el instinto animal, el maternal, y el continuo disfraz metafórico que sirve para vestir la vida humana. Perderme bajo el nórdico sobre las páginas del libro me trasladaba hasta el ecosistema del Serengeti, una vez de vuelta comprendí y sentí conocer un poco más algunos aspectos sobre el instinto de mi madre.

También recuerdo de clases de biología posteriores el contacto con órganos de animales para el mejor entendimiento de los sistema que hacen que el cuerpo funcione, resultaba muy curioso y casi fantástico, que en un aula de instituto de barrio unos 30 alumnos estuvieran examinando el motor interior de una vaca.

Jamás olvidaré al profesor de Ciencias de la Tierra, me marcó su forma de ser, su pasión y sus curiosas maneras de aportar conocimientos. Seguro que mi forma de ser actual viene forjada por la curiosidad que desata en mí este tipo de personas. En clase nos entregaba textos o mostraba videos sobre noticias en la mayoría de los casos de total actualidad y una vez leídos debíamos rellenar unas preguntas cuyas respuestas eran datos de enorme interés para nosotros como directos responsables (villanos con la posibilidad de ser héroes) de la destrucción de nuestro planeta.

También resultaban muy interesantes las excursiones, aunque fueran a menos de 1km. como al parque del barrio o incluso al huerto del instituto. Salir del entorno habitual, suponía dejar de lado cuatro paredes fabricadas con hormigón y rutina para desplazarse a medios naturales donde disfrutar y aprender con la realidad que nos rodea.

Como experiencias negativas nunca olvidare mi último curso, era uno de los años mas importantes, llegaba la selectividad y con ello el comienzo de un nuevo camino hacia el futuro. Mi profesor de Matemáticas, temido por los alumnos, siempre alardeaba de la dureza y gran nivel del instituto en su asignatura. La mayoría de los alumnos nos pasábamos el curso suspendiendo y se acercaba el final, fuimos muchos los que nos quedamos con su asignatura para Septiembre y no pudimos hacer la selectividad en Junio, recuerdo pasar todo el verano en una academia donde por fin conseguí que los problemas me salieran, a la par estudiaba en casa el resto de asignaturas para selectividad. Llego el día del examen y salí de este con la confianza de haber aprobado justo. Salieron las notas y la mía fue un 3.75, no lo podía creer…pedí hablar con el profesor y revisar el examen, primero fui yo y luego mi madre, le dijimos que no iba a estudiar nada relacionado con las matemáticas y que si me suspendía, tenía que estar un año con su asignatura colgada y de paso perder el buen nivel que llevaba en esos momentos para selectividad. No sirvieron de nada esas palabras y tuve que asistir un año más al instituto por una asignatura que jamás he vuelto a estudiar. Ese detalle cambio mi futuro y no creo que para bien. Me consta que este profesor sigue igual, ¡una pena!

A parte de este incidente negativo creo que mis años de instituto sirvieron para ser como soy hoy, después de todo de los 12 a los 18 años (aproximadamente) es cuando se forjan las pasiones e intereses que marcarán gran parte de tu vida. Un instituto moldea a sus alumnos, a través del sistema de enseñanza, profesores, compañeros, etc. Posee un papel importantísimo en la vida de cada persona.

Echo de menos todo aquello, echo de menos ser mas niño porque en estos años he descubierto que el tiempo corre más q yo, que las responsabilidades pisotean a la fantasía, que a veces somos incapaces de parar lo q no nos conviene, que a las vacas las pintan de negro y les clavan espadas, que en otros países lapidan a una mama como la tuya por tener un niño sin estar con su papa, que el rencor se deja a la putrefacción, que después de las lágrimas quedan surcos de dolor, que otros niños grandes en vez de jugar contigo te amenazan con navajas, que no solo existe un hombre del saco sino miles, que ya no me dejan montar en las colchonetas de las ferias, que la libertad se gasta, etc.

Conforme uno crece se da cuenta de que el mundo es egoísta, moribundo, triste… ya no resulta tan fácil meterse debajo de la mesa y jugar a cambiarlo, pero se puede intentar y hacer mucho por ti, por mi, por ellos y por los que vendrán.

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