ME GUSTABA EL HUERTO Y SALIR POR EL BARRIO

 JUAN C.

mariajesusblazquez.com-57-detalle 2Zaragoza, 1 de septiembre de 2010

Hola, me llamo Juan y recuerdo el Otoño de 1992. 14 años. Primero de Bachillerato (B.U.P.) en el Felix de Azara o Mixto 8.

Menudo cambio. No conocía a nadie. Sólo me sonaba un chico un poco peculiar, aunque simpático, con el que había jugado al fútbol un par de veces en partidillos entre colegios. Ese chico se llama Luis y este fin de semana voy a su boda en Madrid.

Nuevas amistades y un despertar interno de alegre vitalidad. El colegio se quedaba pequeño. En el Instituto las niñas ya no eran tan niñas y algunas ya eran mujeres de verdad. Había una loca carrera por tener más años de los que se tenían realmente, por vivir más cosas que los demás, y por entrar en ese reducido grupo de «guays» reflejo de la serie de moda: «Sensación de vivir» (ahora creo que es «física ó química»). Buscar nuevas sensaciones tanto físicas como emocionales; primeras novietas, primeros cigarros, primeras tardes-noches de compartir «litros» y «entrar» a las tías… muchas primeras cosas.

Entre todo este flujo de información, en medio de esta corriente de nuevas sensaciones y de inconsciencia, el instituto se presentaba como un lugar de encuentro, de socialización, que, colateralmente, implicaba asistencia a clase, estudio y deberes, los cuales se cumplían en mi caso, por la constancia de mis padres, más que la mía.

Ciertamente, lo ameno o divertido de las clases, lo interesantes que te pudieran parecer venía marcado, casi siempre, por el perfil del profesor. Recuerdo a «Popeye», «Gigi», «chincheta», «el oso», a «Fatás» y a «Su» entre los profesores de primero. De todos guardo un buen recuerdo (el tiempo suaviza muchas cosas), aunque reconozco «Su», que tus clases me gustaban. Me gustaba el huerto y me gustaba salir por el barrio a ver los árboles e identificarlos, me gustaban las clases sobre el sistema reproductor femenino y masculino (ahí empecé a darme cuenta de que los hombres somos más simples). Lo de que  «el flujo es como clara de huevo en la ovulación y se va volviendo más pegajoso conforme nos acercamos a la menstruación hasta hacerse pastoso», reconozco que es una frase que se me quedó. Esos temas interesaban, porque formaban parte del propio despertar vital. En mi casa se hablaba con bastante naturalidad, pero siempre había un punto de vergüenza que impedía que se hablara de todo. Tampoco los padres estaban preparados para dar las correctas explicaciones a según qué consultas. Valoro la libertad, la honestidad y la naturalidad a la hora de hablar y de expresar las cosas, sea en el ámbito que sea, y aunque a veces no me guste lo que oigo. A lo mejor en esos momentos, en tus clases, ya empezaba a valorar esas cosas. Seguro que era ese el motivo por el que me gustaban. Creo recordar que no eras una mujer categórica y sentenciosa, dejando que los temas se abrieran a nuestra curiosidad y permitiendo que cada cual profundizase conforme a la medida de sus inquietudes. Aún recuerdo alguna charla sobre la obra de Oparin y «el origen de la vida», la cual, no sé por qué, me llamó la atención (creo que no me cuadraba que 4 átomos de carbono y otros de hidrógeno y no sé qué más se juntaran un día y adquirieran la «vida» y la «consciencia»…).

Del instituto no me gustaba la docencia basada en el miedo. Las clases de latín fueron una experiencia horrorosa. La amenaza constante a ser menospreciado en público, a ser señalado y atacado, considero que es algo que ninguna persona debería utilizar como medio de comunicación y mucho menos los docentes. Ahí no hay enseñanza de valores. Hay miedo. Algunos compañeros todavía me recuerdan que casi todos sacábamos buenas notas. Siempre les contesto que con otras materias también sacábamos buenas notas, nos divertíamos, y aprendíamos; es decir nos acordamos de cosas. Que me digan que recuerdan del latín…

Tampoco me gustaba el afán que había en el instituto por la «excelencia académica». A aquellas mentes con más capacidad para las materias se las potenciaba y se ponían como ejemplo a los demás. A las mentes medias o más limitadas, o a otros chicos y chicas con capacidades para aprender cosas distintas a las que se enseñaban en el instituto, se les relegaba a 2ª división. Por ejemplo; había clases de matemáticas para la universidad (en COU), pero apenas había clases de repaso. Solo Rebullida se atrevía con el tema. No me parece mal que se potencie a los que pueden dar más de sí, pero que se repartan los esfuerzos. ¡¡Hay chicos y chicas que, por madurez o por capacidad llevan otro ritmo, pero también serán personas de provecho y merecen la misma dedicación (que sus padres también pagan impuestos!!).

Tras muchas dudas en el último año de instituto, hice la Licenciatura de Administración de Empresas. Estuve a punto de dejarla a mitad. Ponía excusas para cumplir con mi deber: que si no se aprendía nada, que si los profesores me tenían manía, que si la carrera sólo servía para aprender a despedir a gente… excusas. Mi familia, una vez más, me ayudó a reforzar una parte de la vida que siempre me ha costado adquirir: el esfuerzo y la perseverancia. Conseguí terminar la carrera, y utilizar la herramienta que es el conocimiento, para trabajar en aquello que más me gustaba: la economía social. Podría decirse que soy economista raro. Raro, pero economista. Monté mi propia empresa y fracasó. Posteriormente he vuelto a montar alguna otra y funciona. He trabajado en gestorías, he trabajado con la Universidad, tanto como investigador, como en docencia (he estado 7 años de profesor asociado); Actualmente sigo trabajando en distintos proyectos con cooperativas, fundaciones, asociaciones, sindicatos, administraciones varias, etc. Es mi especialidad. Entre tanto, cuido, junto a mi familia, de un huerto propio y de frutales, disfrutando de la naturaleza, el campo y la montaña todo lo que puedo. La vida es maravillosa «Su». Intuyo que ya los sabes.

En estos momentos, no quiero cambiar el mundo. Tampoco quiero que el mundo me cambie a mí. Lo que quiero es ser una persona decente, pacífica, perseverante, honrada, honesta y libre. Esa es mi meta. En la medida que consigo acercarme a mis ideales soy más feliz. Mi deseo es (como en las cartas a los Reyes Magos), que la gente busque en su interior aquellos valores que les den la felicidad. Que los pongan en lo alto de sus vidas y que luchen por ellos hasta que se mueran.

¿Qué te parece? ¿Está bien o me he pasado?

Besos

Juan

 

 

 

 

Anuncios