ME GUSTA EL TRATO CON LA GENTE Y ESTAR EN LA ACCIÓN

 JORGE JULVEZ 

mariajesusblazquez.com-DSCN3873Los «guisantes de Mendel», y mi afición a relinchar como un caballo, son  imágenes de las clases de Ciencias Naturales.

Fui un estudiante aplicado durante la primera etapa en primaria  y hasta sexto iba muy bien, aunque al llegar a séptimo empecé a «torcerme», pero seguí  adelante y en octavo aprobé todo en junio y me empecé a preguntar, ¿y ahora qué hago?

Aquel verano de octavo, con trece años,  empecé a trabajar y descubrí que el mundo no tenía nada que ver con la escuela. Me levantaba a las tres de la mañana y trabajaba hasta las cuatro de la tarde, iba a «Mercazaragoza» y llevaba un puesto de fruta y verdura con mi madre.

Cometí el error de no ir a formación profesional, porque me gustaba cualquier profesión y ahora, a mis 44 años me queda por conocer el hierro, me falta aprender a ser soldador.

Cuando a los catorce años, tuve que decidir si seguía estudios en el instituto, en lo que entonces era primero de BUP o irme a estudiar Formación Profesional, mi hermano estudiaba automoción, en el Colegio Virgen de El Pilar, pero yo me  decidí seguir en el  instituto, pienso que por la cercanía de mi casa.

En primaria, estudié en colegio privado y  al llegar al instituto, coincidí con la que ahora es mi mujer, aunque no íbamos a la misma clase.

Un recuerdo negativo de aquellos años de instituto lo guardo de la frase sentenciadora que me dijo un profesor, «Puedes hacer lo que quieras que nunca aprobarás…», (la asignatura que él explicaba).

¿Me he sentido libre para elegir?

Dejé el instituto cuando repetí por segunda vez, primero de BUP, me dije, ya vale de perder el tiempo y con 16 años cumplidos, edad laboral de entonces, me decidí a trabajar todo el año seguido, pues hasta entonces lo había hecho durante los veranos ayudando a mi madre. Entonces empecé a trabajar una jornada a destajo desde las ocho de la mañana hasta la una y media, haciendo cajas de zapatos  para una conocida marca de zapatos y me pagaban bien, aunque sin asegurar. Así estuve unos cinco o seis meses. Y después empecé a trabajar en una tienda de ultramarinos enfrente de mi casa y seguía en contacto con el grupo de compañeros del instituto, porque en mi tienda les vendía  pan y embutidos para sus bocadillos.

Después pasé a la empresa donde llevo ya trabajando más de veintitrés años como conductor de transportes de alimentos.

 Nunca me he arrepentido de no haber estudiado más. A los dieciocho años, hice un curso de programador  en una academia privada sacándome el titulo y tuve la oportunidad de entrar a trabajar en «Nixdorf Computer» pero no me gustaba nada. Siempre he disfrutado más estando en relación con la gente, y prefería estar entre «mortadelas y patatas» que delante de un ordenador. Me gusta el trato con la gente y estar en la acción.

Después empecé haciendo prácticas  de crupier   el casino Montes Blancos y a los quince días me dije, me voy, no me gusta y volví con mis «mortadelas  mis chorizo y mis clientas». Me sentía más libre de esa manera.

Después estudié un curso de Quiromasaje en una de las escuelas mas prestigiosas de Barcelona y llegamos a tener un centro para dar clases, cursos y masajes…. Creamos la asociación de Aragón De quiromasajístas, junto a mi hermano y mi cuñada, durante un tiempo dimos masajes y clases, pero finalmente el grupo siguió otros caminos y se disolvió la asociación.

Mi vida, siempre ha estado unida a la música, siempre me ha motivado, colaboré en la grabación de un disco de un grupo Aragonés y ejercía de algo parecido a un mánager,En casa de mis padres siempre hubo un tocadiscos, me gustaba el flamenco y toda la música, menos la de los «Pecos »…Aprendí guitarra, aunque la academia me resultaba aburrida, prefería reunirme con el grupo  en el parque y con una buena sangría.

Hasta los treinta y cuatro años  no me reconcilié con el mundo académico y ahora continuo asistiendo a clase para aprender solfeo y saxofón y sigo inmerso en el mundo del jazz y  del pasodoble, compartiendo el tiempo con la banda de música  más antigua de Aragón, La Moncaína. Estoy en segundo curso de grado medio de formación musical. Con una hora de instrumento, una de solfeo. La clase está preparada para adultos, y no te «sueltan la charra» y se puede estar de pie, tocando el instrumento.

Tengo una gran afición por los caballos, mi vida, son los caballos», monto a caballo, empecé a montar en burro e hice mis pinitos en la doma de enganches luego pasé al caballo.

Mi hijo, es un niño sensato y un buen estudiante, sobre todo por la buena influencia de su madre. Y me dice que a él le gustaría aprender cetrería.

No me imagino cómo podría ser un instituto ideal, porque para mí fue un calvario los años que pasé, porque no tenía ganas de estudiar, quería  vivir en la acción.

Continúo en contacto con el instituto y he observado que el profesorado en general ha cambiado, ya queda atrás aquel grupo de profesoras y profesores con los que íbamos a recorrer el pirineo o trabajábamos en el huerto, ahora veo que todo eso es distinto. Antes el instituto estaba abierto, ahora con  puertas cerradas, antes hacíamos las «pirolas en el bar»…, ahora todo está prohibido, pero veo cómo saltan la valla los alumnos y alumnas que se quieren escapar, todo ha cambiado…

¿Qué pondría yo en una pancarta extendida en plena plaza de España?, pues quizá la dejara en blanco, aunque me lo voy a pensar y te lo cuento, querida «Su»…

Unas semanas después….Imagino esa gran pancarta que no tiene fin…

«La educación, no cambia el mundo, pero nos hace conscientes de ello».


 

 

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