MAMÁ

 MARÍA VALENZUELA BLÁZQUEZ

 

mariajesusblazquez.com-solycorazónConocí a María Jesús mucho antes de venir a este mundo: ella me eligió como hija y yo la elegí como madre, todavía hoy seguimos aprendiendo mucho la una de la otra. Mi historia con ella es algo diferente a las demás: para mí las lecciones prohibidas y las enseñanzas “fuera del programa” han sido lo natural en mi educación en casa. Conmigo practicó en la vida real todo lo que luego explicaba en las aulas: el contacto piel con piel, el colecho, la lactancia… De todo aquello recuerdo recurrentemente las nanas que todavía hoy me emocionan (perejil, cilantro y alcaravea…) y cómo más mayor me cantaba los poemas de Miguel Hernández, Juan Goytisolo o Rafael Alberti. También me explicó con verdadera naturalidad el funcionamiento de las células, el ADN y el cuerpo humano, la reproducción o la menstruación.

Como entenderéis, en la adolescencia, tuve que hacer mi rebote particular a toda esta autenticidad y verdad y me sumergí, con devoción, en lo más común y estándar que me rodeaba. Con el tiempo, bastante, me di cuenta de lo difícil que se lo puse: perdóname mamá.

En esa época, y en ese estado, rechacé que María Jesús o Rafa me dieran clase en el instituto o lo hicieran en mi mismo curso para evitar el qué dirán sobre los favoritismos. Con el tiempo descubrí que todo aquello fue en vano: quién quiere pensar mal lo hará de todos modos. Por suerte he podido asistir a muchas charlas y encuentros de María Jesús, ver vídeos y escuchar audios de sus intervenciones y por unos momentos me olvido de que es mi madre y me admira su fuerza, su entrega, su pasión inigualable que todos describís en vuestras historias que os impactó y marcó.

No importa que no fuera mi profesora en el Félix de Azara, asistí a una de las clases más bonitas de mi vida unos días después del 15 de mayo de 2011 en la Plaza del Pilar de Zaragoza, en el inolvidable despertar colectivo del 15 M. Fuimos juntas hasta allí y como siempre que prepara una charla o se dirige hacia ella (esta parte algunos no la creeréis) estaba muy nerviosa, insegura, dudosa, con la boca seca. Una vez que estuvo allí saludó a Cristina y recibió algunas indicaciones, transformó de un plumazo todo ese estado: cogió el micrófono y no dejó indiferente a nadie que estaba en la plaza. Esa es su virtud, su don: comparte su pasión, su vocación, te abre a un mundo nuevo, te remueve por dentro y ya nada vuelve a ser igual. Tiene, como profesora y como mujer, todo aquello que yo ansío: ama lo que hace y sabe exquisitamente trasmitir ese amor.

Escribo esta historia junto a la vuestra, queridos ex – alumnos que muchas veces me habéis parado para contarme lo mucho que recordáis las clases de mis padres y cómo en algunos casos determinaron vuestra vida, porque hoy en día puedo apreciar el regalo tan grande de tener cada día a mi lado, aunque estemos lejos físicamente, una madre y maestra de la biología, el amor, la vida y la pasión.

Gracias mamá. Te amo.

 

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15 M
31 de mayo de 2011, María Jesús Blázquez en la Plaza del Pilar
Foto realizada por Iban Rubio Vargas

 

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