LOS AÑOS DE INSTITUTO

DABID RUIZ DE GOPEGUI BAYO

Dabid de Gopegui

DABID en la cumbre de una montaña

Parece que fue ayer cuando merodeaba por las calles del barrio que me vio nacer y hacerme un hueco entre las inquietudes  que más llenaban mi tiempo, la  universidad, los primeros y mejores amigos con mayúsculas, los que perduran a pesar de que esas inquietudes separasen nuestros caminos hasta geográficamente hablando, el amor, la calle, los sueños y el propio camino.

Esto fue ayer, pero también guardo en la memoria algunos días anteriores, del colegio y el instituto, de los cambios y el principio de las libertades que por suerte y horizontes  me otorgo mi madre, de las temporadas de exámenes y de los veranos inagotables, de la piscina y las noches frescas del parque de Monsalud. Encima de todo esto me quedaba y me queda un universo entero, donde se para el tiempo en ocasiones y en otras apenas te da un respiro para continuar.

Tengo que estar agradecido a mi educación familiar, al amplio espectro desde el cual los ojos de mi madre observaban la vida, la suya y la mía… Los profesores que en esta etapa me descubrieron pasiones que tenía en un pequeño rincón de mi interior, a Jesús por sus excentridades en pleno sexto de primaria, me gusta el recuerdo que seguramente tendré distorsionado por el paso de los años, recuerdo un tipo loco y soñador que cumplía a la perfección su objetivo: vivenciar lo natural de las cosas que tenemos a nuestro alrededor. Llego el instituto y sus docentes, unos más que otros comprometidos con la verdadera vocación pedagógica, y así fueron dejando estos, uno a uno, huellas bien diferentes en mi pasado escolar.

Rafa pasó como un terremoto sobre mi quietud emocional… me enseño parajes por los cuales hoy me desenvuelvo con una sonrisa en la cara, dónde trabajo y me hago un hueco muy cómodo entre mis inquietudes más deseadas. Maria Jesús y su lucha por salir de la rutina en sus clases. Después he seguido conociendo muchas de sus maneras de afrontar el pasar de las cosas, y la admiración me envuelve (ya que tengo una fuerte relación con uno de sus hijos). A cuantos de aquellos profesores me gustaría seguir conociendo a estas alturas de mi vida, con lo aprendido después y el cambio en la forma de valorar muchas cosas que me inspiran, ahora me gustaría tomar un café con vosotros. Este es un ejemplo, esta idea de reunirnos a todos en este libro aportando una experiencia y una mirada atrás que sirve de mucho  a mí pensar.

Con los años he conocido a mil educadores (ya lo ejerzan como profesión o no), y también me he convertido en uno de ellos, y me gustaría agradecerles a tod@s por ayudarme a encontrar mi vocación, a saber lo que quiero ser, pero también a lo que NO quiero ser.

El mundo está lleno de educadores, y de todas estas personas que nos rodean hay aspectos a admirar. Cuanto más y mejor conozcamos más mirada de “búho” podremos disfrutar.

LA VOCACIÓN PEDAGÓGICA

Como he comentado antes, terminé haciéndome un hueco en la vida profesional educativa, en ellos creo y en ello lucho por seguir sin olvidarme de que para ello no puedo caer en la rutina. Esto me ha permitido aprender y conocer a nuevas gentes, educadores, niños y gente vinculada al sistema educativo público pero también privado de nuestra comunidad. Doy gracias a mi trabajo por darme las facilidades del cambio y el dificultarme el “estancamiento” laboral y la caída en la rutina, y si algo recuerdo a duras penas como negativo de aquellos años  era esta misma rutina de la que hablo. Clases interminables y sin emociones, temario y currículo, esquemas y apuntes, subrayados a fosforito y algún que otro trabajo estúpido y protocolario. No quiero ser un educador así, olvidado del consenso y de aquellos quienes reciben el supuesto aprendizaje. Considero que he tenido suerte con mis maestros, y que de todos ellos he sabido sacar mis pasiones a flote, sabiendo elegir y contrastar.

Recorrí los pasillos del instituto durante 6 años, recién instaurado el sistema ESO, con lo bueno y lo malo, siendo los chicos más pequeños de aquel centro lleno de experiencias y gente de muy diversas edades. Hace ahora 13 años que pisé por primera vez el Feliz de Azara… qué rápido pasa el tiempo.

Me di cuenta en mi primer año de universidad que la carrera que había elegido coincidía seguramente con una de mis vocaciones y de la que para nada me importaría ganarme la vida: Magisterio (esto no ocurre en muchos casos de los jóvenes de hoy en día, y en la sociedad misma están las pruebas). Allí también conocí a muchos de los “profesionales” en los que para nada me quiero convertir, ellos me enseñaron todo aquello en lo que no me quiero convertir, así qué también debo agradecérselo, porqué no.

Empecé a saborear la vida sacando más la lengua, en lo laboral recuerdo gratamente un año recorriendo las calles de Zaragoza con mi bicicleta y repartiendo cartas y paquetes a diestro y siniestro con mi bicicleta con la empresa La Veloz. Así, mientras terminaba la carrera y hacía mis primeras clases particulares por el barrio, estos me enseñaron como crear un ambiente laboral positivo y también me abrieron las puertas a colectivos reivindicativos como Pedalea, o La Katxarraka, de la que fui cofundador y de la que surgieron proyectos que realizamos y que recuerdo con mucho cariño. Aquí crecí con los que hoy también son mis amigos, pero también dónde continúe abriéndome un hueco profesional e intenté unir dos de mis pasiones: la naturaleza y la educación.

Hoy vivo en el Pirineo Aragonés, en un pequeño pueblo de calles empedradas y encantadas llamado Borau. Me gusta la vida rural (como ahora la llaman comúnmente), me gusta el ritmo que exprime la vida en los pueblos, las mañanas de invierno y la nieve, el fuego… y también el sol, el agua, los tomates fresquitos y los huevos de mis gallinas. Te tengo cariño Zaragoza, pero me cuesta volver a tus calles aunque sea en esta herramienta de cambio social que para mi significó la bicicleta.

El ritmo de las estaciones varía como la vida misma, la calma inunda en el invierno, y el verano viene frenético y con sudor en la frente. Trabajo en una pequeña empresa llamada Sargantana, de la que he aprendido bastantes cosas de las que sé, y la cual me ha abierto un amplio espectro para implicarme con la actitud educativa que más me llama la atención. Trabajo a través de la Educación Ambiental podría decir, tanto dentro como fuera del Aula, con niños pequeños y no tan pequeños, con adultos y con no tan adultos, y me gusta, me encanta ver como esos granitos de arena en muchas ocasiones marcan una huella o una experiencia imborrable, como muchas de aquellas que yo también he vivido en las montañas. Si queréis conocer como es, no tenéis más que visitarme en el Valle del Aragón.

Y como no todas las épocas son iguales, este trabajo me permite desarrollarme en mis otras inquietudes, o como yo lo llamo, pasiones…como la montaña, que roba la mayor parte de mi tiempo libre. Amo las montañas y siempre tengo una en mis sueños, cambiante y deseosa,  practico deporte en ellas y todo aquello que me aportan es innumerable.

Viajar, fotografiar, leer, crear música o todas aquellas cosas que hacen de la vida un lugar inmejorable para ser feliz rellenan el resto de mi tiempo. Por cierto, tengo un blog donde aparecen algunos de todos estos momentos, www.ojospirenaicos.es/actividades-pirineo/blog )

Y actualizando un poco este pequeño diario que comencé hace más de 4 años, retomando estas letras y estos momentos vividos, me gustaría añadirle un poquito más de las cosas que van pasando en mi vida. Sigo viviendo en mis queridos Pirineos, y me he destetado de las empresa de Educación con las que trabajaba antiguamente para desarrollar mi propio proyecto de autoempleo, que denominé Ojos Pirenaicos, y al que dedico la mayor parte de mi tiempo, desde la localidad de mis amores, la Villa de Borau. Hoy, Ojos Pirenaicos es una pequeña empresa de Educación Ambiental y Guías de Montaña, Viajes y Expediciones por el mundo, sobre todo por Pirineos, Nepal e Himalaya, aunque estoy preparando como próximo destino la Patagonia, ya que sigo pensando que me alimento de sueños, y si no, no me motiva lo que hago. Entre medias me han pasado muchas cosas y muchas vivencias, de la cual me gustaría destacar la vivida en el Himalaya en los años intensos del terremoto, donde he colaborado con sus gentes y sus pueblos y he tenido la oportunidad de cumplir un sueño para la familia de Kanxa y Dolma,  mis amigos en el Valle de Langtang, al que acudo varias veces cada año, ya que lo considero mi segunda casa. Por como son, como me han tratado y todo el amor que no solo la montaña me da, sino sus gentes, tengo la certeza y la convicción de que nuestro primer mundo le debe mucho a este mundo del que somos directamente responsables, por el equilibrio social y humano que nuestras formas de vida implican. Toda mi proyección laboral y personal está enraizada dentro de este proyecto de empleo por el que espero seguir motivado muchos años más….

Nunca dejemos de reflexionar sobre lo que estamos haciendo, nunca dejemos de luchar por lo que verdaderamente creemos… Cojamos lo bonito de aquí y de allá, desechando todo lo demás para así hacer nuestro puzle de vida, pero no olvidemos que este camino pienso que es interminable y que el secreto está en disfrutar de este proceso…

Seguir despiertos…

Besos de colores

Dabid

C/ La Pinosa S/N CP: 22860 BORAU  (Huesca)   630 717 936

 

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