LO MEJOR EL GRUPO DE MONTAÑA

JAVIER FERNÁNDEZ COMUÑAS

mariajesusblazquez.com-DSCN3845Con mucho retraso y con la sensación de no haber hecho los deberes, empiezo a escribir sobre mis años en el Mixto 8. Me ha costado mucho lanzarme a teclear las primeras palabras. Estoy en un momento de mi vida duro, pues ando en trámites de divorcio, metido en una nebulosa. A pesar de ello, una gran fuerza me ha empujado a escribir. Esa fuerza, esa energía, ese cariño, ese entusiasmo, los recibí hace años de profesores como «Su» y ahora le devuelvo una parte.

A mí me gustaba la asignatura de Ciencias Naturales y la profesora que me la daba. Pensaba que estaba buena y en cierto modo me sentía medio enamorado, era como una mezcla de novia y madre.  El enfoque práctico que «Su» imprimía a la asignatura, con visitas frecuentes al laboratorio, con salidas al campo para verlo con otros ojos, con relatos de casos reales y próximos a nuestro entorno, creo que es lo que más me ha servido y lo único que recuerdo. Me acuerdo de coger animalillos y disecarlos o meterlos en formol. Recuerdo un trabajo de Biología en 1º de B.U.P. en el que pillé un sapo partero con su bolsa de huevos, (no me acuerdo si estaba vivo y lo maté o ya estaba muerto) y como lo vacié con un corte en el abdomen, lo rellené de algodón y mi madre lo cosió cual experta cirujana, tras lo cual lo metí en un frasco de cristal con alcohol y pasó a formar parte de las estanterías del laboratorio del Instituto.

Todo esto pasaba en el curso 1982-1983, año en que entré al instituto y en el que estuve cuatro años, como todos los que no repetimos curso. Estoy orgulloso de no haber repetido curso y por eso lo recalco, pues yo venía de un centro en el extrarradio de Zaragoza con un nivel bajo (de eso me di cuenta después cuando en la primera evaluación en el Mixto 8 suspendí 6 asignaturas) y con una orientación de sus alumnos hacia la Formación Profesional. El caso es que, de mi antigua clase de 8º EGB con 43 alumnos, fui, y soy el único que hizo bachiller. Me acuerdo de compañeros de aquella clase e incluso de antiguos profesores de aquel colegio, que al conocer mis resultados académicos en el Instituto, me insistían en que perdía el tiempo, en que abandonara el Bachillerato, ya que no tenía el nivel, que «no valía» para eso. Años más tarde, me encontré con un antiguo y buen profesor de aquel colegio y le conté que ya había acabado mi tesis doctoral, con la máxima calificación, en la Facultad de Económicas. No se lo podía creer y me dijo que se sentía realmente orgulloso.

En realidad no tengo recuerdos amargos de mi paso por el Mixto 8. Si algo cambiaría o hubiese cambiado y que, ahora que tengo dos hijos, deseo para ellos, son los profesores que han perdido la ilusión. Me gustaría que a lo largo de su escolaridad, encuentren profesores que les ofrezcan algo, que sean capaces de darles energía, ganas, entusiasmo, pues los contenidos en si mismos los podrían aprender solos. Los recuerdos menos positivos, en mi caso, siempre han ido asociados a un profesor que, en ese momento de su vida, no disponía de energía, de cariño, de entusiasmo, en fin, de cosas buenas que dar a los demás, quizás porque ya tenía bastante con mantenerse a flote en el mar de la vida.

Tras el Instituto, empecé Económicas sin ganas, yo quería hacer Geológicas y fue mi padre, que trabajaba en un banco el que me «animó». El caso es que los primeros meses iba a la facultad sin ganas, hasta que un día vi un compañero de clase un poco más mayor que resultó ser un geólogo, que ante la falta de trabajo, había decidido comenzar económicas. Me dijo: si quieres trabajar, estudia económicas y luego cuando estés trabajando estudia las piedras. Su consejo hizo de motor de arranque en mis ganas de acabar la carrera.

Tras la facultad hice un máster en Francia, becado por el programa Erasmus y en el norte de ese mismo país comencé a trabajar haciendo estudios de mercado. Allí podría haberme quedado con un buen empleo y un sueldo que nunca ganaré en España, pero hay cosas más importantes que el dinero y me volví a España en ese 1993 con una crisis muy parecida a la que estamos viviendo.

Unos años más tarde volví a la facultad e hice la tesis. Allí tampoco me quedé y en el año 1998 comencé mi andadura como profesor de ESO. Todavía sigo hoy en lo mismo, me dedico a intentar que mis alumnos disfruten y entiendan las Matemáticas, en el Centro Santa Magdalena Sofía, en Valdefierro, barrio donde hice toda la EGB.

Ahora tengo 42 años, pero sigo llevando dentro ese deseo por descubrir, ese amor por la naturaleza y la montaña, ese brillo en los ojos del niño que se emociona, esas ganas de ver qué hay detrás. Me encanta el esquí de travesía, deslizarme por sitios vírgenes, contemplar esa luz especial antes de la salida o de la puesta del sol, sobre un bosque nevado en enero, las formas imposibles que modela el viento en la nieve, su sonido,… También me gusta la bici, desde niño ha sido mi compañera de juegos, mi medio de transporte en el que sigo yendo a trabajar y en el que ya en 1979  iba a clase, desde las Delicias donde vivía, hasta el colegio en Valdefierro, mi medio de hacer turismo a otro ritmo. Actualmente hago más bici de carreras, pero siempre buscando la naturaleza, el esfuerzo, los grandes puertos,…con la flaca.

De mi paso por el Mixto 8 el recuerdo que más me ha marcado ha sido el del grupo de montaña al que me apunté. Recuerdo todas las salidas, las travesías de verano, …, todo. Es lo más bonito que recuerdo y por lo que siempre estaré agradecido a Rafa y a otros que también lo movieron. Hoy en día, como profesor, repito lo que me enseñaron y saco a mis alumnos de 3º ESO al monte, a una Semana Verde donde hacemos escalada, senderismo, rafting, espeleo,…etc y convivimos con la naturaleza.

Para concluir quisiera remarcar que para mí, lo más importante es esa energía de la que hablaba al principio. Ese entusiasmo que «Su» me transmitió y que yo le devuelvo. Hace unos meses que navego con temporal, con la sensación de caída al vacío y creerme, tan sólo dedico tiempo a las cosas muy importantes (como este libro) pues de las demás tengo de sobras. Esa energía es la que desbordan mis hijos como soles, es la que no hay que perder.

Un fuerte abrazo.

 

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