LA VIDA ES CAMBIO

 JAVIER G

mariajesusblazquez.com-nautilusvorticeLa vida es cambio.

Fui alumno de «Su» durante los cursos del 98-99 y 99-00, uno de ellos además de impartir las clases de biología también lo hizo como tutora.

Lo que más recuerdo de Su es que parecía no padecer estrés, y si lo hacía no nos lo hacía percibir. Era una persona que fluía. Y esto es lo que más y mejor he aprovechado en mi vida. Su enseñanza estaba ahí, bajo la superficie. Sólo había que verla desde otro prisma. El control de algo tan necesario en nuestros antepasados como era el estrés y tan inútil en los días de hoy, plantados en la civilización moderna, era algo que me fascinaba.

Recuerdo rondas de chistes al comenzar o al terminar la clase. Promovidas siempre por ella, quizá en momentos en que notaba que nos estábamos perdiendo en el «ruido»… Ruido mental, se entiende. Recuerdo pedirle consejo sobre qué leer y recuerdo que me prestara libros. El saber te hace más liviano.

Porque el alumno adolescente afronta poco a poco lo que es crecer, a menudo sin voluntad de hacerlo. Afronta el hecho de que su necesidad de aprender no es vana, afronta cómo y cuando debe hablar a sus mayores, puesto que ya no le ven como un niño, y no le pasan todo. Y mientras tanto ve su cuerpo cambiar, oye su mente más clara que nunca, y le empiezan a interesar cosas que no pensó que lo harían. Es difícil, pero excitante.

Así que básicamente lo que puedo destacar de la biología que yo tuve la suerte de estudiar, es un cambio de conciencia hacia un nivel mayor. Un renacer. Leer más y ser más curioso para después sacar conclusiones sobre cosas que en el fondo de mi ser ya intuía. Nacemos buenos y libres, ¿qué ocurre por el camino?

Nunca dejamos de aprender

 Tiendo a ver los fallos de un sistema no como fallos, si no como aspectos a mejorar. En eso no he parado nunca de ser yo. Mis profesores eran tan variopintos que es difícil decantarse por un método concreto, pero si sé qué busco en un maestro. Y digo maestro, no profesor; porque el maestro tiene lo que a mi juicio es más importante en la búsqueda de la felicidad: la vocación. Y la felicidad del maestro es la felicidad del alumno. Un proverbio japonés dice: Cuando el discípulo está listo, el maestro aparece. Las dos partes son exactamente igual de importantes.

El profesor de «a pie» se encuentra una falta de respeto hacia su profesión que deja ver la naturaleza de la educación que el alumno trae de casa. Algo así tiene que ser duro, pero debe aguantar, no debe responder a la afrenta. No podemos combatir la falta de respeto desde el no-respeto. Creo en esto para todo en la vida. Que alguien me haga daño no es motivo para que yo se lo haga a él. La persona noble nunca encuentra motivo para herir ninguna forma de vida. Así pues, respeto y vocación. No veo nada más importante.

La energía positiva es cien veces más poderosa que la negativa. Donde existe energía positiva, la negativa no puede prosperar. He visto profesores amargados, confío que un día dejaran de serlo. Su camino lo hacen ellos viviendo el presente. Porque es lo único que tenemos. El Ahora.

Lo único que tienes es el ahora

 Mi momento presente es bueno. Trabajo porque sea ideal. Ahora tengo 27 años. Dejé el instituto tras terminar 4º de ESO y no sin ciertas dificultades, por mi empeño en cursar la rama científica de secundaria, siguiendo mi vocación. Ésta era la de estudiar una carrera de ingeniería industrial orientada al diseño de automóviles eléctricos que de una vez por todas derribaran los obstáculos que unos pocos poderosos se empeñan en hacernos ver.

Finalmente me quedé a medio camino, pero en la misma dirección. Cursé un Ciclo Formativo de Grado Medio de Automoción, que aproveché al máximo durante sus dos años y el cual me permitió colocarme rápidamente en un mercado laboral que devora títulos. La vida me llevó hasta el día de hoy, ocho años más tarde y en paro, debido a una crisis. Petrolífera, una vez más.

Soy mecánico y esa era mi vocación, que poco a poco se difumina adquiriendo más campos y significados. Ya no quiero sólo reparar para evitar el consumismo desaforado del primer mundo. Ahora también quiero remediar, evitar. Sé que sirvo para mucho pero no sé por donde empezar. Los gobiernos no dan prioridad a las cosas que sí la tienen, y la dan a aquellas que nunca debieron tenerla quitándosela a los que más la necesitan.

Con los años me he dado cuenta de que nuestro planeta requiere un cambio global de conciencia, porque está enfermo. Y como todo organismo vivo que está enfermo, lo que quiere es curarse. Lo pide a gritos.

Siempre he intentado tener aficiones sencillas, de las que alimentan el alma. La mayor de ellas es el ciclismo. La bicicleta: una manera de transportarse limpia, noble y rentable, que además te devuelve a ese ser entrañable que eres tú cuando no piensas en nada. Zaragoza está viviendo un pequeño renacimiento en este aspecto, aunque queda mucho por hacer aún.

En lo personal me he cruzado con varias personas en mi vida, y de todas he aprendido algo bueno. Que la felicidad de uno depende de uno, esa es la más importante. Si sientes amor por ti mismo, podrás amar. Y todos, todos deseamos amar.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo

Pregúntale a alguien si quiere cambiar el mundo y te dirá que sí. Pregúntale cómo puede alguien no querer cambiar el mundo y le costará responder. El mundo tiene que entender que estamos aquí para ayudarnos, porque todo forma parte de todo. Desde que se perdió la perspectiva venimos pagando las consecuencias. ¿Queremos eso para nuestros hijos? Yo no.

Mi mundo de ensueño es un mundo que practica la empatía. Una cualidad animal puesta recientemente sobre la mesa otra vez debido a numerosos experimentos en torno a las llamadas neuronas espejo.

Y es que según el Dhammapada «Si te ves a ti mismo en todos los demás, ¿cómo puedes obrar mal; a quién haces daño?»

Desde que leí esa frase retumba en mi interior como el tañido de una campana. ¡Cuánta verdad!

El ser humano tiene una capacidad infinita de hacer el bien. Pero elige no explotarla. Surgen las poderosas voces interiores: ¿Que dirán de mí? ¿Que será de mí? ¿Quien me tomaría en serio si confío en todo el mundo? ¿Qué concepto de mí mismo tendré? ¿Cuántas veces saldré herido si elijo ser así, como creo que TODOS debemos ser?

Mi pancarta dice alto y claro:

ELIGE EQUIVOCARTE Y APRENDER

ELIGE VIVIR; NO SOBREVIVIR

UN MUNDO NUEVO TE NECESITA, PORQUE FORMAS PARTE DE ÉL IGUAL QUE ÉL FORMA PARTE DE TI. ¿ATENDERÁS SU LLAMADA?

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