LA CLASES DE CIENCIAS NATURALES, NO ERAN NORMALES

ROSA MARÍA MARQUINA IBÁÑEZ

mariajesusblazquez.com-intento de espiral azulCurso 1.983-84

Soy una ex-alumna del Instituto Mixto 8, en aquellos años se llamaba así, ahora en la actualidad es Instituto Félix de Azara.

Me resulta un tanto difícil recordar las clases de hace 26 años, pero si hay algo que recuerdo de aquellos años de estudiante, son las personas, mucho más que las materias o temas que estudie.

Haciendo hincapié en las clases de Ciencias Naturales con la «Srta. Su», lo que más recuerdo de ese año, fue su proyecto de crear un pequeño huerto y hacernos a todos partícipes de esa ilusión, allí plantábamos ajos, cebollas, pequeñas hortalizas, etc., y era tal la satisfacción de ver como aquellas pequeñas semillas iban creciendo y dando sus frutos, más si pensamos que esa tierra no había sido creada para ese propósito.

Las clases de Ciencias Naturales no eran normales, me refiero a que la profesora no soltaba la parrafada del tema a tratar y luego te mandaba deberes para hacer en casa y hasta la siguiente clase, mi profesora «Srta. Su», siempre nos hacia entender el tema con historias y ponía ejemplos para entenderlo mucho mejor, no mandaba deberes, nos hacía pensar en clase los ejercicios, y siempre tenías ganas de que llegara su siguiente clase.

Por aquel entonces, la profesora «Srta. Su» estaba embarazada, era todo ternura y eso se notaba en sus clases, en sus ilusiones para hacer cosas nuevas, bueno quizás yo pensaba entonces que era tan dulce debido a su estado de gestación, pero después de 26 años, he descubierto que no sólo era por eso, la ternura existe en la persona y el amor a la profesión se transmite sin darnos cuenta.

            Paso a explicar cómo he llegado a esta reflexión, mi hija de 15 años es ahora alumna del Instituto, y un día en una de esas conversaciones entre madre e hija, mientras me contaba sus clases de Biología, llegamos a la conclusión que me estaba hablando de mi profesora «Srta. Su», ¿Cómo? No lo sé exactamente, pero tal como describía mi hija, su forma diferente de hacer las clases, sus videos, su dedicación, su trato con los alumnos, nos hizo darnos cuenta de que estábamos hablando de la misma persona.

Si tuviera que cambiar algo de aquellos años de estudiante, pocas cosas cambiaría, quizás la angustia de los exámenes, todos concentrados en muy pocos días, mi valoración dependiendo de una prueba, que puede salirte bien o mal, aunque hallas estudiado, pero reconozco que esto es difícil cambiarlo.

Sinceramente, ahora con mis 42 años, volvería a esa etapa de estudiante con los ojos cerrados, y más con la experiencia que tengo ahora, pero claro esto explícaselo a un estudiante de 15 años que está en plena adolescencia con las hormonas alteradas y agobiado siempre con los estudios y una gran cantidad de deberes, esto, si es un buen estudiante, claro está.

Después de haber finalizado el Bachiller en el curso 1984-85, realice un curso de Administración y pronto empecé a estudiar y a trabajar haciendo prácticas en una empresa con tan sólo 17 años, ya que por aquellos años conocí y me enamoré de un chico, que en la actualidad es mi marido, y quería tener mi sueldo para en un futuro vivir junto a él.

Trabajé de secretaría en varias empresas, de dependienta, sin grandes sueldos, pero al final lo conseguimos y después de 5 años de noviazgo, nos casamos.

Llegamos a trabajar juntos en la misma empresa durante varios años, pero cuando mi marido se estableció por su cuenta (él quería crear su propia empresa), yo permanecí en mi puesto de contable durante unos años más, hasta que llegó un momento que mi marido me necesitaba en su empresa y deje mi trabajo de contable, para formar parte de la empresa de mi marido, así que ahora soy empresaria, eso sí, sigo trabajando y luchando mucho, para ofrecer a mi hija un futuro con esperanza.

Un futuro con esperanza es una gran meta, pero tenemos que intentarlo por nosotros mismos, y lo más importante por nuestros hijos, darles la mejor educación tanto en el instituto como en el propio hogar, comunicarnos con ellos, enseñarles los buenos valores, enseñarles a vivir el día a día.

Si tuviera que escribir una propuesta para un mundo mejor, sería la base del principio de reciprocidad: “Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas a los demás”, creo que el mundo sería mucho mejor, si nos pusiéramos en el lugar del otro.

Deseo que este proyecto se haga realidad y espero haber ayudado con mi pequeña contribución de esta carta, me encantaría poder leer las cartas de otros ex-alumnos.

Un abrazo.

Rosa Mª Marquina Ibáñez

 Zaragoza, primavera del año 2.010

 

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