HOY ME DEDICO A LA ENSEÑANZA

SEÑORITA X*

mariajesusblazquez.com-17-burbujas aguaIntentaré recordar el periodo de 1993 a 1997 que pasé en el instituto. Años que me cuesta recordar, no por falta de memoria, sino porque deseché de mi “disco duro interno”.

Aquellos datos que no fueron borrados son puntuales.

Recuerdo, sé enumerar y dibujar las plantas y árboles del parque cercano al instituto, e incluso puedo distinguir aquellos árboles que dibujé, y hallar el vacío que han dejado algunos que han desaparecido. Recuerdo también los nombres de rocas y minerales, que localizo entre los recorridos por las calles de Zaragoza o cuando voy a pasear por la

No recuerdo nada más: no sé ni resolver una raíz cuadrada, y eso que fui disciplinadamente entrenada para lograr un nivel elevado de conocimiento matemático. De fórmulas y esquemas tan solo recuerdo que existen las”derivadas”, “integrales”, “Logaritmos neperianos” y “trigonometrías varias”…y hoy más que a matemáticas, todo aquello me recuerda a comida o algo absolutamente superficial: efectivamente, por eso desapareció de mi cabeza. Me quedé solo con las plantas, las rocas y la poesía.

Creo que sobreviví  durante esos cuatro años gracias a ellas. La experiencia con el profesorado fue realmente dura. Puedo contar con una sola mano (y me sobran dedos) a los profesores que me apoyaron en una de las épocas más frágiles que tiene uno: la adolescencia. Una época, en la que un profesor, puede ser el impulsor o el verdugo de toda una vida. Por suerte aplacé mentalmente mi “ejecución”, que en horario lectivo se traducía en frases como: “no valéis nada”, “sois unos inútiles”, “unos vagos”, “no vais a llegar más que a cajeros de supermercado”….y demás frases de estas que atormentaban a uno cada día, que por mucho que uno haga oídos sordos, pues quedan incrustados en el inconsciente.

Recuerdo los exámenes de matemáticas, realizados por la tarde, en masa, que más bien parecía que nos llevaban a la cámara de gas. La gente aterrorizada, nerviosa y presa del pánico. Las clases divididas en: alumnos listos científicos (grupo A), alumnos semi-listos científicos (grupo B), alumnos de letras tontos (grupo C), y los restos de letras y/ o conflictivos (grupo D). Desde luego era una división descarada y poco ética. No sé cuál puede ser una buena solución de división de grupos, pero eso sumado a la actitud de algunos profesores, creaba ya una “élite”, que por otro lado, era maltratada, con la famosa “campana de Gauss”. Si todos los alumnos eran brillantes ya no servía, porque siempre habrá alguien mejor o peor aplicando”la campana”. Así cerebros brillantes recibían un cinco, e incluso suspendían.

Mi clasificación grosso modo era alumna semi-lista, pero “vaga” e insumisa, lo cual no me proporcionaba unas buenas notas, sobre todo por la incapacidad de sumisión, algo muy valorado por norma general. Tuve que asistir a clases de recuperación nocturnas en una asignatura, y en el mismo instituto, de la noche a la mañana (nunca mejor dicho), pasaba de ser una alumna brillante, a un desecho social. Lo cual me hizo reflexionar sobre cómo cambian las cosas en un mismo edificio.

En las clases diurnas se fomentaba un espíritu fuertemente competitivo. Individuos capaces de aplastar a un compañero para recibir el trato de favor del profesorado sin ningún tipo de escrúpulo. Cerebros carentes de ética o sensibilidad alguna, y con la mente focalizada en el beneficio propio.

Lo peor es que ese contagio hacía que muchos profesores, que no defendían esos valores sufrieran después esa educación paralela, ya que eran considerados “blandos”, por los alumnos. Profesores, de los cuales yo aprendí mucho más.

Me ha gustado siempre el proceso educativo y lo que ocurrió en esos años, de una forma u otra lo había analizado inconscientemente. Años después estudié magisterio, y pude visibilizar todo lo ocurrido desde otra perspectiva. Los comportamientos no eran casuales, sino fruto de una reacción lógica. Hay dos formas de aprendizaje diferenciadas una mediante “amenaza” y otra mediante “desafío”. La amenaza solo sirve para un aprendizaje simple, pero el desafío involucra en un aprendizaje complejo y completo a nivel cerebral. La amenaza sirve para determinadas personas, pero hay un pequeño porcentaje, para los cuales este sistema provoca rechazo y desinterés inmediato, en lugar de la reacción primaria, que es el miedo. Yo no tuve miedo, sino rabia e impotencia. Y mi cerebro sufría desconexión total en este tipo de clases. Aquí queda explicado por qué solo recuerdo algunas cosas, las que me enseñaron cuando me trataron como a alguien que quiere aprender y ser tratado como un igual, en una edad en la que toda mente es moldeable. También quizá por eso hay tantos problemas en estas edades ahora: la amenaza ya no da miedo a los alumnos como ocurría antes, sino que hay una respuesta violenta…pero bueno, esto es un capítulo de otra generación.

Creo que el arte, es una de las áreas que debería tratarse en todas las asignaturas. El arte, no en su historia, sino en su forma. Favorecer los procesos creativos y constructivos, por encima de otro tipo de contenidos.

Hoy, me dedico a la enseñanza y la investigación universitaria en el campo de las Bellas Artes. De nada me sirvieron aquellas horas de estudio y clases de química o matemáticas…o sí…efectivamente, me sirvieron para saber a lo que nunca querría dedicarme, y también para saber qué es lo que nunca haría a mis alumnos si algún día me dedicaba a la enseñanza. Cuando recibí el premio especial de fin de carrera en la licenciatura, me acordé de aquellos “señores” (por cierto, todos varones), que tanto interés tuvieron en hacerme creer mi incapacidad. Recibí varias becas y me doctoré, y a pesar de que había pasado mucho tiempo aún me acordaba, y por qué no decirlo me sentía muy bien, pensando que había logrado vencer a esos “ogros del inconsciente”. Ogros, que espero, desaparecerán después de escribir esto, como en una especie de ritual en el que quedarán atrapados en el papel.

Guardo en mi memoria seleccionados a aquellos profesores que dedicaban su tiempo a enseñar las cosas verdaderamente humanas, que tanta falta hacen hoy en día, en una de las eras más frías como está siendo este s. XXI. Y cada día intento transmitir algo de todo aquello en mis clases. Eso que no se puede explicar, porque no nace en el cerebro lógico, sino en el emocional, que es el que guarda nuestros recuerdos.

Srta. X *

* He decidido llamarme Srta. X, ya que en los cuatro años que pasé en el instituto, casi nadie me llamó por mi nombre. Y los que me llamaron por mi nombre son los que yo recordaré siempre. Y a ellos les dedico mis mejores deseos y agradecimientos.

4-04-2010

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