ÉRAMOS PARTÍCIPES

NOEMÍ DOMINGO

mariajesusblazquez.com-Noemi…no éramos meros espectadores sino puros actores y participes de nuestra propia formación y educación.

…Recordando, recordando…como poder obviar la sensación de gratitud que tengo al recordar aquellas clases de ciencias naturales del año 1994.

Me resulta casi imposible olvidar como me sentía, en un medio afable, donde no éramos meros espectadores sino puros actores y participes de nuestra propia formación y educación.

Porque no sería justo el no reconocer, que fueron de las pocas asignaturas en toda mi formación académica, que nos enseñaron a auto-gestionar nuestros recursos y a exigirnos a nosotros mismos.

Como explicar que a pesar de la «exigencia» de «Su» (porque exigente ya era…), de las hormonas de adolescentes de unos diecisiete años, de todas las exigencias paternales y de la sociedad ante los estudios para ser «bien vistos», estas clases resultaban un oasis. Todos acudíamos con una mezcla emoción e ilusión, algo no fácil de conseguir a esas alturas de nuestra plena mocedad.

No sé si sería porque antes de comenzar descargábamos pilas moviéndonos como monos (si, como suena, ¡como monos!) para relajarnos y canalizar nuestra sobrada energía que ojala tuviera ahora. No sé si porque nos hacía parte activa, pero íbamos de su mano, como si del flautista de Hamelin se tratara.

«Su», nos mostró su forma de vida a través de la enseñanza y nos proveía aunque aún no la comprendíamos lo que instintivamente sí que compartimos con ella.

…Recordando, recordando…me estoy sumergiendo en aquellas clases, con la luz que entraba pegando en nuestra espalda. Me parece ver a los compañeros con los que pasé mis horas y recuerdo perfectamente sus caras, y lo más importante es… que me he descubierto sonriendo desde que he comenzado a recordar.

Me gustaría que en los centros educativos no se diera poca importancia a los sentimientos de los adolescentes, son el futuro y a veces se subestiman las emociones. Sobre todo en las edades que coinciden con el instituto, tu mundo es pequeño, es una época difícil y cualquier fisura se convierte una gran grieta difícil de curar.

Mi personalidad ha hecho de mí una persona que ha podido ir haciendo, más o menos, lo que le gusta. Tras el instituto, donde pasé aquellos maravillosos años…entre el 1990 y 1995, me quedé en tierra de nadie, lejos de mi proyecto profesional de futuro, el cual se vio truncado por una enfermedad hereditaria que me impedía dedicarme a lo que me gustaba; Dejó de tener sentido, no estudiaría una carrera que no podría ejercer nunca. Viajé por el mal etiquetado mundo de la formación profesional (en mis tiempos solo los que sacaban «malas notas» hacían FP) que me dio mucho años de tremenda felicidad dedicándome a la hostelería, profesión que me llena profundamente y que me hizo inmensamente feliz, y que me seguiría haciendo sino significara una pérdida de vida familiar, una pérdida de comodidad y asumir ciertos riesgos propios de la profesión.

Así que cuando quise, a eso de los 26 años, decidí por fin estudiar otra carrera, entonces ya si era el momento; Luego un master, luego otro y así fui completando mi formación. No se parar, siempre digo que ya se acabó, pero todos los años hago algo nuevo.

Actualmente gestiono un equipo y pensando en las personas que están a mi cargo, reflexionando pienso que no sé hacerlo ni la mitad de bien que lo hacía «Su». Aunque me honra decir que siempre trato de hacerlo mejor cada día.

Ahora tengo treinta y siete años y acabo de tener un hijo, y doy sentido a muchas andanzas (no sé si es sentido o es puro terror), que no siempre fueron las correctas; Y tal vez pienso que como haré para que no lo haga, que egoísta suena…Aunque no me agobio mucho, lo haremos lo mejor que podamos y confío en nuestra capacidad de amar para a partir de esto labrarle un buen camino.

Me gustaría que los jóvenes de ahora volvieran a tener el respeto por lo ajeno, por la vida, por la convivencia y por todo aquello que es del otro. Sobre todo pensar en el otro antes que en lo suyo propio. No sé si me hago mayor (…sí que me hago) porque echo en falta el respeto, ese que procesábamos por casi cualquiera que fuera diez años mayor que nosotros y por nuestros tutores en general, ya fueran nuestros padres, profesores, nuestros abuelos o los abuelos de nuestros amigos; Y ya no hablamos del respeto por uno mismo, no sé en qué momento nos lo inculcaron, pero siento que mi generación y las de mis alrededores se respetan y no lo encuentro en muchos jóvenes.

Quizás exagero, pero me parece fundamental que te den los buenos días o las gracias, hay quien hasta te mira raro…si solo trato de que tener un buen día y compartirlo. ¡Ojalá vuelva!

NOTA. El reencuentro con Noemí, tuvo lugar, 18 años después, fue al llamar por teléfono a Vía Láctea (Asociación pro lactancia) para una pregunta sobre su crianza.

 

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