DESDE PEQUEÑA TENÍA CLARO QUE QUERÍA SER ENFERMERA

ASTRID LADRÓN

mariajesusblazquez.com-estrella y arco irisHola, me llamo Astrid, en la actualidad tengo 43 años y soy Enfermera.

Pertenezco a una de esas primeras y afortunadas promociones de uno de los institutos que se llamaron Mixtos, de los primeros que comenzamos 1º de BUP en 1980 y terminamos COU en 1984.Para mi siempre será el «Mixtocho», el nombre de Félix de Azara llegaría mas tarde en mi ultimo año, cuando ya terminaba COU y no lo he podido llegar a sentir como propio, además yo pertenecía a ese grupete de personas que propusimos nombres digamos…mas pintorescos.

Al llegar por primera vez al instituto, lo primero que me llamo la atención era la cantidad de profesores jóvenes que había. Y eran «enrollados», muy «progres» como decíamos entonces. Lo cierto es que su energía, vitalidad y ganas de hacer cosas nuevas, no solo lo estrictamente académico, se transmitía y nos llegaba a contagiar a los alumnos. Por eso, aunque nuestro instituto tenia gran cantidad de carencias materiales, en nuestro instituto presumíamos de nuestros profes y éramos envidiados por los de otros, con mas renombre y medios. Nosotros éramos ¡la bomba!

Entre esos profes una de las que sin duda destacaba era «Su», la de Biología. Con su particular forma de vestir, esa serenidad que emanaba y siempre, siempre con la sonrisa en la boca.

A mi me encantaban las Ciencias  Naturales, así que sus clases eran  unas de mis favoritas.

Como profesora era dinámica, amena, divertida y sobre todo diferente, atípica. La recuerdo perfectamente llegando a clase a primera hora, un tanto adormilada y de vez en cuando bostezando.Nos explicaba porque se producía el bostezo, su razón de ser, porqué no debía evitarse, etc… Más de una vez me he visto repitiendo sus palabras.

Puedo recrear en la memoria un día dando clases de Reproducción y Sexualidad. Andaba explicándonos el Ciclo Femenino, días fértiles, métodos etc. Todas las chicas estábamos entusiasmadas, por fin teníamos información real y práctica, pero a los chicos les daba vergüenza, se reían y se lo tomaban a «chufla». Juró que no aprobaría nadie si no dominaba ese tema. Fue inflexible, por supuesto cayó en examen. Creo que mis compañeros varones de clase fueron los únicos que en esos años sabían defenderse en esos temas. Todo un avance para esa época.

Y que decir del entusiasmo que ponía explicando la famosa mitocondria, dibujándola a la perfección en la pizarra, cómo nos gustaba….

Por otra parte he de recordar las memorables disecciones del mejillón y la lagartija. Todo un reto a la paciencia. Todavía hoy no entiendo como podía manejar a ese grupo chillón, exaltado y lleno de hormonas que tenia por clase y siempre dedicándote un momento para escucharte, aconsejarte, orientarte.     Siempre cordial, transmitiendo alegría.

Ponía toda su ilusión en todo lo que emprendía y aunque en algún asunto era estricta, tampoco trataba de imponerte nada, no obligaba, éramos libres para decidir si merecía la pena aprender o no. En sus clases siempre había tiempo para las risas, los comentarios, la curiosidad por cosas nuevas…Desde luego no era de las que soltaban el rollo y se largaba, ni mucho menos. Imagino que en aquella época (recordar que eran los inicios de los 80), llena de cambios y transiciones, tendría que librar no pocas batallas

No solo se preocupaba del aspecto estrictamente educativo oficial, el cual se saltaba siempre que había ocasión, trataba siempre de ir más allá. Era como si nos dejara una ventana abierta  al mundo, libres para investigar mas allá de los libros de textos, respetando nuestra individualidad.

No sería justa si no contara que para un grupo de chicas, entre las que me encontraba, «Su», pronto dejo de ser solo la profe de Biología, esa que es «muy rara», como algunos la definían, para convertirse en un referente a seguir, esa clase de mujer, independiente, soñadora y segura en la que todas nos queríamos convertir, una amiga juiciosa en la que confiar, que nos hacia sentir dueñas de nuestro futuro y adultas, aunque éramos unas crías.

Entonces no sabía que serían tan importantes para mi futuro laboral y personal, aquellas clases de yoga, los bailes del mundo, que nos abrían la mente y sobre todo aquellas apasionantes reuniones con el Dr. Pablo Saz, en donde hablábamos de tantos temas relacionados con la salud, alternativas y terapias. Creo que de ahí viene mi postura  a veces sumamente critica con la medicina oficialista y mi empeño en la medida de mis posibilidades de cambiar ciertos aspectos de ella, sobre todo intentando humanizar, de entender al paciente como un Todo, de respetar decisiones, de la importancia del afecto, de dar energía.

Al terminar el instituto, yo estaba muy segura de lo que iba a hacer con mi vida. Desde que de pequeña me regalaron el maletín de Enfermería de la Sta. Pepis, tenía claro que yo sería eso, enfermera. Por esas bromas del destino, yo, que no era mala estudiante, no pasé el examen de acceso que entonces había para entrar en la Escuela de Enfermería. Fue horrible, nunca había llorado tanto, durante tantos días. Ya nada tenía sentido. Al final decidí entrar en Veterinaria, que me gustaba, pero no era lo que deseaba. Y por supuesto, me fue rematadamente mal, fui la clásica inadaptada a la Universidad. Cuando por fin las cosas me iban bien, decidí cambiar y dedicarme a estudiar lo que era mi verdadera vocación.

Desde entonces mi vida laboral la he desarrollado en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza. He recorrido casi todos los servicios, pero recuerdo especialmente con cariño «Neonatos y Maternidad» donde, aunque yo no he tenido hijos, he ayudado a tantas mujeres con los suyos, en la lactancia materna, los primeros cuidados. Es asombroso el instinto innato que las mujeres tenemos, y es precioso poder ayudar a los «cachorrillos humanos» como yo llamo a los bebés, sentir LA VIDA.

Desde hace más de 11 años, mi lugar  esta en Medicina Interna. Llegue allí por casualidad ¡cómo pasa el tiempo!. La medicina interna es un servicio muy duro, con un trabajo intenso de enfermería, muy gratificante a veces, pero descorazonador la mayoría de ellas, que exige un alto grado de vocación y entusiasmo  para no desesperarse. Allí  he hecho vínculos intensos con mis compañeras, algunas ya amigas del alma. Somos como una pequeña familia, tantos años juntas, hemos vivido los momentos mas intensos de nuestras vidas, los buenos y malos. Trabajamos, lloramos y reímos juntas. Soy muy afortunada trabajando en lo que me llena y hace feliz.

Creo que soy una persona alegre, inquieta, curiosa,  que continua viviendo los acontecimientos, al igual que en la época del instituto, con una gran intensidad. Estudio Inglés en la Escuela de Idiomas y ahora que ya estoy terminando, comienzo a soñar con lo próximo que emprenderé. Quizá relacionado con la Arqueología o Historia, temas que me apasionan y no he podido profundizar. Soy una lectora compulsiva y siempre que puedo viajo. Trato de ser viajera, que no turista, si pudiera sería feliz dedicándome solo a eso, viajar libre.

Me asusta el grado de deshumanización y egoísmo al hemos llegado. Yo lo veo continuamente en mi trabajo y trato de luchar contra eso. Tenemos que intentar ser personas más afectuosas, generosas, crear un mundo más optimista y feliz.

Intento ser justa y honesta, guiarme por mi intuición y vivir según me dicta la conciencia y el corazón. Y no puedo evitar ser utópica, soñadora, que algún día se erradique la miseria y pobreza en la que mucha gente aún vive, tener acceso a una sanidad y vida dignas. Objetivo difícil pero muy hermoso, ¿verdad?

Sin lugar a dudas, puedo decir que mis recuerdos del instituto son maravillosos, fueron unos de los mejores años de mi vida, realmente fui muy feliz allí. Una de mis más íntimas y queridas amigas es de esa época. Lamento que con el tiempo se perdiera el contacto y la amistad con otras, pero todas ellas están en una parte de mi corazón.

A todas aquellas personas que me ayudaron a convertirme en la mujer que hoy soy, gracias. Muchas Gracias

Astrid Ladrón Ortega, 29-04-2009

El día más bello: Hoy

La cosa más fácil: Equivocarse

El obstáculo más grande: El miedo

La raíz de todos los males: El egoísmo

El peor defecto: El mal humor

La persona más peligrosa: La mentirosa

El sentimiento más ruin: El rencor

 El regalo más bello: El perdón

Lo más bello de todo: EL AMOR

Teresa de Calcuta.

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