CONOCÍ A «SU» CUANDO SOLO TENÍA UNOS MESES DE VIDA

ALBA Y ROSA. MADRE E HIJA

mariajesusblazquez.com-horizontesHola, me llamo Alba y conocí a «Su» cuando solo tenía unos meses de vida porque mi madre, Rosa, era alumna suya. Esto sucedió en 1990 y 15 años más tarde yo también fui alumna suya.

Mi madre retomó los estudios de mayor, tenía 26 años cuando «Su» le dio clase.

Le pregunto cómo las recuerda, me cuenta: «Su» vivía mucho la Biología y esto nos lo transmitía en clase haciendo que a nosotros también nos entusiasmara. Incluso en la parte de geología, que no me gustaba nada, la clase se me hacía amena, recuerdo que nos ponía muchos ejemplos de zonas de Aragón. Yo estaba estudiando en nocturno y tú sólo tenías 3 meses así que me fue de mucha ayuda cuando hablaba del cuerpo humano y todos los consejos que me dio sobre lactancia porque comías muy mal. En ella más que una profesora tuve una amiga, consejera de madre a madre y sus clases me motivaron a estudiar medicina.”

Las clases de «Su» eran diferentes, no tenías que preocuparte por exámenes como tal si no que podías concentrarte en atender sin presiones. Lo que más me gustó fueron los vídeos de partos y el método de la madre canguro. Es que Su transmite amor allá donde va… Por una parte un parto en el clínico, parecía que el bebe no quería salir, rajaban a la madre (más tarde me enteré que es algo que se suele hacer aunque no sea necesario), todo muy impersonal, casi parecía una película «gore». Sin embargo el parto holandés en casa, el padre y la madre desnudos, en cuclillas, abrazados, y los gritos de la madre que no sonaban para nada a terroríficos, sino más bien a un orgasmo. Y el bebe salía fácilmente, sin problemas, el solito ayudado por la ley de la gravedad. Esta fue una de las mejores clases y que realmente voy a aplicar en mi vida real. Nos acercó el nacimiento como algo muy natural, vaya como lo que debería ser.

También recuerdo que alguna vez que estábamos más alborotados de lo normal tuvo que darnos una clase de relajación, y claro nos quedábamos tan bien que  en las sucesivas clases no parábamos de pedírselo, pero ella siempre nos daba largas. Y así recordando «Su» fue la primera persona que me habló de Greenpeace, nos puso un documental. Es que van viniendo cosas a la cabeza y te vas dando cuenta de cuánto te puede aportar una persona y más cuando estas creciendo y necesitas referencias por las que guiarte.

Dejó una semillita en todos mis compañeros y la recuerdan con mucho cariño,  una amiga mía no come transgénicos desde que «Su» nos habló de ellos. No puedo dejar de comentar cuando «Su», creo que ya no nos daba clase, nos invitó a un documental que proyectaba la asociación Vía Láctea: «El camello que llora». Yo que sabía que iba a un documental pues la verdad es que lo disfrute, pero convencimos a unos amigos para que nos acompañaran y vinieron un poco engañados, y claro el documental era muy lento y siempre nos lo recuerdan porque no les gusto mucho. El documental en si trataba de un camello al que su madre había rechazado, pero al final con mucho esfuerzo consiguen que esta lo acepte. Fue muy bonito.

«Mamá, ¿Y qué no te gustó de esos años del instituto?»

«No tengo ningún recuerdo negativo,  al volver a estudiar  después de tanto tiempo todo era ilusión y ganas,  allí me encontré muy apoyada por los profesores que me ayudaron a conseguir mi sueño que era estudiar. Además en nocturno éramos menos y siempre me sentí muy arropada, incluso con alguno de mis compañeros, que eran más jóvenes, sigo manteniendo el contacto».

 ¿Qué hubiera cambiado yo? Supongo que si me lo preguntaras en esos años pediría que me hicieran estudiar menos pero echando la vista atrás estoy más que satisfecha con el nivel que alcancé, sobre todo en matemáticas, y en disciplina de estudio, que es lo que más he necesitado a la hora de afrontar la universidad, y además tuve el mismo profesor de matemáticas, Pedro Buera, durante los 6 años y se convirtió en un segundo padre. Tuve mucha suerte con el compañerismo que había en mi clase, y siempre podría criticar manías que tienen casi todos los profesores, pero en general comprobé que si tú les respetabas ellos correspondían con respeto, que si les escuchabas, te escuchaban… Hubo clases como las  de «Su» y las de «Aramayona», que te hacían crecer como persona, otras académicamente. Quizá sería bueno un equilibrio pero para el primer tipo de clases no vale todo el mundo, deben ser personas muy empáticas y que, para bien o para mal no te dejen indiferente y te hagan reflexionar. Y luego pensando en algunas injusticias que me pudieron ocurrir pues me sirvieron para que se me encendiera la chispa de luchar por lo que crees y no callarse y bajar la cabeza, porque no se debe permitir ninguna injusticia.

Ahora voy a contar yo la historia de  mi madre porque ella peca de modesta. Mi madre es una luchadora y quien le conozca lo sabe. Tuvo que dejar de estudiar a los 14 años por motivos económicos pero tenía muy claro que algún día los retomaría. Se vino a vivir a Zaragoza con mi padre y lo hizo, volvió a estudiar, y no sólo eso sino que yo nací cuando ella estaba en  el instituto, lo terminó, aprobó todo y con buenas notas y se metió a la carrera de medicina. Ahora dice ella que no sabe de dónde sacó las fuerzas, yo sí lo sé, ya lo he dicho antes, es una luchadora y está en su naturaleza. En segundo de Medicina nació mi hermana (1994), y por si no tenía las cosas lo suficientemente difíciles en  sexto de carrera (1999) le diagnosticaron cáncer de mama. Fue un golpe muy duro, a mi hermana y a mí nos protegieron y casi no nos enteramos, pero sé que lo pasaron muy mal, mi madre tuvo que plantarse otra vez y decirle a la vida que nadie ni nada iba a acabar con ella y con sus sueños. Superó la enfermedad, aprobó la carrera y consiguió trabajo como médica de UVI-Móvil.

En el año 2004 cuando parecía que todo iba bien tuvo una recidiva de la enfermedad, pero hubo un  rápido diagnóstico, gracias en parte a sus conocimientos médicos. Por supuesto la salud de mi madre estaba muy tocada después de pasar dos veces por un cáncer y sus tratamientos pero hay que seguir caminando, mejor o peor, y ella no se iba rendir,  sacó plaza con el MIR (recién diagnosticado el segundo cáncer) y se especializó en neurofisiología. Por todo lo que he contado quería aprovechar este espacio como homenaje a mi madre, a la que quiero y admiro mucho, mucho, mucho…

Y de mi no hay mucho que contar acabé el instituto hace dos años y ahora he terminado segundo de Ingeniería Informática, me va muy bien. He crecido rodeada de libros, viendo a mis padres estudiar, sé lo que lucharon ellos por poder hacerlo y yo, que tengo una vida mucho más fácil, no voy a desperdiciarlo.

Y respecto a mi vida personal, ahora voy a cumplir los 20 y bueno pues he cambiado mucho desde los 15, como toda persona que pase por la adolescencia. Es muy difícil hablar de una misma. Ahora soy mucho más consciente del mundo que me rodea y tengo ganas por hacer algo para cambiarlo, odio el machismo, la xenofobia, la homofobía, la hipocresía, los prejuicios… A veces abruma un poco porque hay tantas cosas que cambiar que no sabes por dónde empezar y como somos fruto del tiempo en el que vivimos a veces es muy difícil ser coherente con lo que piensas, pero lo intento que ahora mismo eso no es poco. En ocasiones me hubiera gustado nacer antes para vivir las luchas sociales de los años 70-80, se consiguieron muchas cosas y la juventud estaba implicada… Ahora, bueno parece que en vez de luchar por conseguir ir hacia delante hay que luchar para no ir hacia atrás y esto no pasaría si la gente se implicara aunque el asunto en cuestión no les afecte a ellos. Creo que ahora la gente está muy anestesiada e igual cuando se despierten es demasiado tarde. Pero bueno que la vida también es maravillosa y también hay que divertirse, salir, bailar, y disfrutar de que soy joven y de momento no tengo más trabajo que mis estudios.

Le pregunto a mi madre sobre sus sueños para el futuro, me contesta: «Me gustaría ver feliz a la gente que nos rodea, cada uno con sus ilusiones, o por lo menos que vaya avanzando la vida sin muchos sobresaltos. Si pudiera pedir un deseo sería que todos fuésemos un poco menos egoístas, que no pensemos sólo en nosotros mismos o en nuestro grupo cercano, que pensemos y nos pongamos un poco en lugar de aquellos que necesitan apoyo aunque no les conozcamos, me gustaría confiar algo más en la humanidad».

Creo que los adultos son muy conformistas, ya sé que han pasado por muchas cosas y que no se puede estar siempre al pie del cañón pero yo no quiero que nadie me robe la ilusión y la fuerza que tengo ahora.

¿Y qué quiero yo? Una utopía, pero no te puede detener ver lejos el horizonte, hay que caminar en esa dirección, quizás nunca sea perfecto pero mejorara y puedes encontrar muchas cosas interesantes por el camino.

Me gusta mucho una frase de Gandhi: «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena».

En esta frase me apoyo para animar a las personas a que simplemente no permitiendo según qué cosas en tu vida cotidiana, a tu alrededor, se puede hacer mucho, no se puede bajar la cabeza sólo porque no te este pasando a ti, y si lo quieres pensar de forma más egoísta, si todos actuamos así y un día necesitas ayuda ¿Quién va salir en tu defensa?

No nos subestimemos, tenemos en nuestra mano muchas más cosas de las que creemos.

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